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Alto Tajo, provincia de Guadalajara, México

alto-tajo-mexicoSituado en el norte de la provincia de Guadalajara y en el límite con las tierras de Cuenca y Teruel, el parque natural del Alto Tajo esconde pueblos y aldeas, cañones y barrancos, arte e historia. Ya no descienden sus aguas, curso abajo, gancheros con balsas de troncos, pero las tradiciones continúan mandando. Tanto, como el fluir de un río que da vida y fuerza a todo su entorno y leyenda.

Si tuviéramos que elegir aquellas palabras que mejor definen esos primeros tramos del Tajo que se precipitan, después, entre hoces y gargantas, seguramente recurriríamos a las que en su día escogió el escritor José Luis Sampedro para una de sus novelas: El río que nos lleva. Cinco palabras que recuerdan, como aquel libro en sus páginas, un sobrecogedor paisaje surcado en sus tiempos por los gancheros, representantes de un oficio forestal hoy desaparecido que consistía en transportar madera río abajo, desde Peralejos de las alto-tajo-mexico-1Truchas, al norte de Guadalajara, hasta Aranjuez. Nadie empuja ya balsas de troncos por las aguas jugándose la vida, aunque una fiesta popular en la comarca rememora, cada mes de septiembre, la osadía de aquellos hombres sustituidos ahora por voluntarios -cada año, más- que se afanan en imitar ese arduo trabajo, ataviados para la ocasión con trajes como los de entonces, bordados en pleno siglo XXI en talleres de costura que no quieren que se olvide la tradición. Durante ese día, el de la fiesta ganchera, hay chocolate y rosquillas para todos, y uno siente de veras, aunque sea simple invitado, que el río le arrastra hacia algún lugar indefinido, hacia muy adentro.

El parque natural del Alto Tajo ejerce poder de atracción. Bajo las alas de los buitres leonados que lo recorren desde las alturas, se extiende un inmenso espacio de soledades y limpia atmósfera entre pueblitos y bosques de pinos, aldeas casi perdidas, cañones y barrancos esculpidos por el Tajo o y sus afluentes. Pero antes de adentrarnos en el parque, la mirada debe encontrar sosiego en un lugar de historia fronteriza, Molina de Aragón, cuya calle Larga parece querer emular, con su sinuoso trazado, el perfil del río Gallo que cruza la ciudad de norte a sur.

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