Si vas a ir este verano a Roma, una de las visitas que no te puedes perder es la ciudad del Vaticano, el Estado más pequeño del mundo y un lugar en el que vas a ver obras de arte a cada paso.

Y una de ellas, de las más famosas, es la Capilla Sixtina, en la que destacan los frescos de Miguel Ángel Buonarroti. Sin duda, uno de los puntos del Vaticano que más expectación levanta. Por cierto, un consejo: puedes llevarte un espejo para ver el reflejo de los frescos del techo en lugar de tener que levantar continuamente la cabeza.

Pero, ¿conoces la historia de la capilla? Se llama así por Sixto IV, el Papa que mandó reestructurar lo que antes era la Capilla Magna, algo de lo que se encargaron, entre otros Boticcelli y Perugino.

Después, en 1508, Julio II le encargó a Miguel Ángel la decoración de la capilla, y después fue Clemente II quien lo volvió a llamar. Entonces pintó el Juicio Final, destruyendo la labor de Perugino.

Eso sí, los desnudos que aparecen en la obra no gustaron demasiado al Papa Pablo III, que unos años más tarde encargó a un colaborador de Miguel Ángel que les pintara ropa para taparles sus partes más íntimas.

Foto de pululante

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