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¿Estás pensando en hacer una escapada enológica? ¿Te pierden los vinos? ¿Te gustaría visitar una bodega y alojarte encima de ella? Nosotras lo hemos hecho y queremos contaros nuestro gran descubrimiento. Para que este verano podáis escaparos a disfrutar de una experiencia enológica en plena Ribera del Duero.

Hoy queremos contaros esta escapada enológica en primera persona. Y es que, hace unas semanas tuve el placer de alojarme en un hotel enológico con un encanto impresionante. Por su decoración con botellas de vino, su situación en plena ribera del Duero, sus originales habitaciones y su gran bodega, se merece una mención y vosotros, os merecéis conocerlo (aunque sea, primero, en fotos).

escapada enológica en ribera del duero
Fotografías: Patricia Muñoz

Un hotel enológico en Ribera del Duero

Se trata de El Lagar de Isilla, un hotel enológico en Aranda del Duero. Puede que cuando aparquéis en la puerta se os pase por la cabeza ‘Pues no es para tanto, es pequeñito…’. Tranquilos, yo también los pensé cuando llegué a la puerta del hotel. Sin embargo, cuando entras y conoces la historia de la estancia, la cosa cambia.

Antiguamente se conocía como “la Casa Grande de la Vid” y fue la casa del antiguo propietario de la finca, Ayuntamiento, escuela, vivienda de maestros, del médico, y vía de encuentro del antiguo Camino Real. Por eso, por toda la historia que tiene detrás, la finca se ha construido manteniendo la arquitectura tradicional y respetando la estructura constructiva.

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Alojamiento para los amantes del vino

Quizá por eso, puede parecer algo pequeño. Sin embargo, al entrar descubrirás un espacio cuidado, con una decoración increíble (que podéis encontrar en el post de decoración con botellas de vino en Decoración 2.0) y con unas habitaciones que quitan la respiración. Son 20 (sumando habitaciones individuales, suites junios y suites superior) y todas ellas te sorprenderán por su decoración enológica. Botellas de vino que se convierten en espejos, percheros, picaportes…

Y a todo esto, hay que sumar el encanto de saber que estás durmiendo sobre una gran bodega. Bodega de la que, por cierto, salen diariamente, mientras duermes, cientos de vinos etiquetados con la pegatina de denominación de origen.

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Visita una bodega durante la escapada enológica

No tendrás más que bajar unas escaleras para encontrar ante ti una imponente bodega del Siglo XV. Si nunca has visitado una, no te puedes perder una visita guiada por ella. Es la guinda de la escapada enológica. Descubrirás todo el proceso de elaboración del vino de cerca. Nosotros hicimos la visita por la mañana, a eso de las 11:00 y fue un auténtico lujo.

Confieso que soy una inexperta del vino y suelo perderme cuando hablan de barricas, años, cosechas y denominaciones. Y por eso mismo, quería recomendaros esta visita. Porque hasta los más torpes como yo, entenderán en qué consiste la elaboración de un buen vino, a qué temperatura se debe realizar y por qué, cómo funciona el traslado del vino en las diferentes barricas, y porqué es tan importante los años de la madera y su procedencia.

Cata de vinos para principiantes (y expertos)

Y después de un recorrido entre barricas y olor a vino, toca la mejor parte: disfrutarlo y dar fe de lo rico que está. Como os decía, esta experiencia es apta para principiantes ya que la guía os explicará, antes de probar cada vino, cómo tenéis que hacerlo, qué olores vais a encontrar y cuáles son sus características. La cata incluye tres vinos, desde el más joven, al más añejo. Y por supuesto, acompañada de pan, queso y un salchichón que no duró ni una copa de lo rico que estaba.

Si estáis interesados en contratar una visita a la bodega durante vuestra escapada enológica, podéis echar un vistazo a las ofertas en su web Lagarisilla.es. Pero para que os hagáis una idea, dos noches con desayuno, visita a la bodega, cata y cena en el restaurante, rondan los 150 euros. Bastante asequible para todo lo que incluye ¿no?

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Monasterio de La Vid

El hotel se encuentra a 18 kilómetros de Aranda de Duero, es decir, lejos de cualquier bullicio o actividad. Es decir, si queréis hacer turismo, deberéis coger el coche. Eso sí, antes de eso, no podéis perderos el Monasterio de Santa María de la Vid. Se encuentra a pocos metros del hotel y sus inmensos jardines son un lugar perfecto para pasear después de la visita a la bodega. Y por último, justo al otro lado del hotel, a sus espaldas, podéis encontrar (y cruzar) un puente Renacentista sobre el Río Duero.

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Si buscas una escapada enológica acompañada de relax, sosiego y buen vino… no podemos recomendarte más que esta escapada. Y no solo porque se encuentre en plena ribera del Duero, sino porque lo hemos probado y podemos dar fe, de primera mano, que es una buena elección para los amantes del vino. ¿Has estado ya en este hotel? ¿Conoces otros lugares para hacer turismo enológico? ¡Compártelo con nosotros! Al final le voy a coger el gustillo a esto del enoturismo…

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