Entre todas las construcciones antiguas importantes que Bulgaria, y más concretamente su capital Sofía, ponen a disposición de la gente que las visitan, no podemos dejar de mencionar nunca la imponente Catedral de San Alejandro Nevski, la cual fue levantada a finales del siglo XIX, como una forma de rendir homenaje a los soldados -y civiles- rusos caídos por la liberación de Bulgaria del Imperio turco.

Este sitio, que actualmente funciona como la sede del Patriarcado de Bulgaria, lo que le reviste incluso mayor trascendencia de la que podríamos asignarle sólo a partir de la construcción, es además para los especialistas en arquitectura, la mejor representación de la construcción ortodoxa en el mundo, algo que queda plasmado en sus formas exteriores, realmente difíciles de igualar por otro edificio, incluso religioso.

La cuestión del caso es que se trata de un recinto con 72 metros de largo, 42 metros de ancho y 52 metros de alto, y una de las capacidades más asombrosas de todos los de tipo religioso en Europa, con la posibilidad de que hasta 5.000 personas, todas ellas sentadas, tengan la chance de atender a la homilía sin mayores dificultades, y con una visión y accesos realmente interesantes.

Sin embargo, la antigüedad de la Catedral ha sido motivo para que la misma fuera testigo fiel de los bombardeos tanto de la Primera Guerra Mundial como de la Segunda, casos en los cuales quedó casi al borde de la destrucción, aunque la devoción el pueblo búlgaro, y anteriormente soviético, le ha permitido ser restaurada cuantas veces fuera necesaria.

Por eso, hoy en día es promocionada como una de las mayores catedrales cristianas ortodoxas del mundo, y a nivel turístico destaca también por poseer una galería de arte antiguo búlgaro y renacentista, considerada una de las mejores en su tipo de todo el mundo. Por ese motivo, la Catedral de San Alejandro Nevski fue catalogada como Monumento de la Cultura en Bulgaria, en el año 1924.