Aunque las algas empiezan a ganar protagonismo en la gastronomía occidental, en muchas zonas de Asia llevan siglos formando parte de la alimentación y son consideradas uno de los secretos de la longevidad. En Irlanda también cuentan con una larga tradición. Durante generaciones, las algas sirvieron de alimento a los monjes que habitaban las remotas y escarpadas islas Skellig, situadas en el suroeste del país, a unos 11 kilómetros de la costa de Kerry.
Precisamente en esta zona de la Ruta Costera del Atlántico es posible descubrir de cerca el mundo de estas plantas marinas, consideradas por la ciencia una fuente interesante de proteínas, vitaminas y minerales. Su potencial es tan amplio que incluso Naciones Unidas ha señalado las algas como un recurso que podría contribuir a afrontar algunos de los grandes retos medioambientales del planeta.
La costa oeste de Irlanda ofrece numerosas posibilidades para conocerlas y descubrir sus diferentes usos. Desde aprender sobre sus aplicaciones en distintos sectores hasta participar en su recolección directamente en playas de la Isla Esmeralda, existen experiencias para todos los gustos.
También es posible probarlas recién recogidas del mar, aprender diferentes técnicas para cocinarlas y utilizarlas como condimento o descubrir sus propiedades en tratamientos de belleza y bienestar dentro de un spa.
Así, las algas permiten acercarse a una tradición milenaria que ahora vuelve a despertar interés como alimento del futuro. Y pocos lugares ofrecen tantas oportunidades para conocerlas como la costa oeste irlandesa, donde gastronomía, naturaleza, historia y bienestar se encuentran alrededor de un recurso que forma parte de la cultura local desde hace siglos.
Una clase magistral en la orilla de Derrynane. Una experiencia primitiva.
La Isla Esmeralda está rodeada de agua salada y por lo tanto de algas, es decir, bañada por la riqueza y teñida de verde esperanza. No lo dicen los locales, lo dice la ONU, que se refiere a estas plantas como salvadoras del planeta en su ‘Manifesto de las Algas marinas’. En eso de darles el sitio que merecen se encuentra Irlanda y Abbey Island es uno de los lugares para comprobarlo.
En esta pequeña isla situada en el Anillo de Kerry, donde se encuentran las ruinas de una abadía del siglo VI (con marea baja se puede visitar), tiene lugar una de las experiencias más impresionantes de cuantas se pueden realizar en Irlanda en torno a las algas. Sucede en las orillas de la playa de Derrynane y siempre en compañía de John y Kerryann, fundadores de la Atlantic Irish Seaweed, una empresa que trabaja por la promoción sostenible de la cultura de las algas (degustación, cosecha a pie de playa, rutas de exploración…) y dedica en sus tours una visita a un yacimiento arqueológico que se cree podría ser del 8.000 aC y que evidencia el paso de los primeros pobladores de Irlanda por esas tierras y su consumo de algas.
Con ellos se abandona Irlanda con un máster en plantas marinas y las ganas de comprarse todos los productos que comercializan a partir de ellas, desde preciosos utensilios, a bolsas de baño con las que poder emular un chapuzón tranquilo en aguas irlandesas al llegar a casa. Todo para iniciar el cambio hacia una vida más sostenible y saludable. Con los tallos de las Laminarias que llegan hasta este lugar, Kerryann fabrica cubiertos (a la venta) cuyo mango resulta de un proceso de secado y tallado de esta alga. Y de cualquiera de los paseos que se pueden reservar con ellos por ‘El Reino’ (así se conoce al condado de Kerry) surgen apasionantes charlas sobre los usos ancestrales, las propiedades y los aportes gastronómicos de estas verduras marinas, que llegan sin esfuerzo junto a las rocas, como la Himanthalia elongata, de las mejores apuestas culinarias de la cocina actual por su ligero gusto a avellana, o la Pepper dulse-Osmundea pinnatifida que molida, resulta la perfecta especia a caballo entre la pimienta, la trufa y el ajo.
El nori (alga del sushi) o la Dulse (del gaélico Duil, hoja de mar), que navega en abundancia por esta agua desde hace siglos, es una mina de vitamina C que salvaba de la inanición a los monjes que vivían en uno de los lugares más mágicos de Irlanda, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO: Skellig Michael, la mayor de las dos islas Skellig en la que se erige un antiguo monasterio a 218 metros de altura (600 escalones desde el mar). Hasta aquí se puede llegar en barco durante el verano si la navegación lo permite (en tierra firme está el Centro de Visitantes de Skellig Experience) y hasta aquí llegan numerosos fans de Star Wars, pues este enclave sirvió de set de rodaje para el ‘El despertar de la fuerza’.
Spa y relax: los beneficios estéticos de las algas irlandesas
Los irlandeses llevan siglos sabiendo que las algas son la solución a muchos de los males, por eso aparte de alimentarse de ellas desde tiempos ancestrales para evitar, por ejemplo, el reflujo gástrico (Fucus vesiculosis se usa para acabr con el Helicobacter Pylori), hace muchos años que acuden a balnearios marinos en los que disfrutar de un baño o un masaje con el que aprovecharse de todas las propiedades terapéuticas que se le atribuyen a estas plantas marinas: desde el poder de la alga bruna (Fucus serratus) contra la artritis, la psoriasis, el acné o mismo el fortalecimiento del cabello, a la capacidad de eliminar el sarro y la placa dental del Ascofillo nodoso.
A lo largo de la Ruta Costera del Atlántico son varios los lugares en los que vivir la experiencia. Al norte de la Ruta Costera del Atlántico, en el condado de Sligo, se encuentra Strandhill, un encantador pueblo conocido por sus inmensas playas perfectas para el surf y la desconexión. El lugar ideal para detenerse en Voya Seaweed Baths, un tradicional centro de baños calientes de algas marinas frente al mar en el que entregarse a las costumbres ancestrales de la región.
En el mismo condado de Sligo, pero en Enniscrone, un lugar mágico en el que disfrutar de la naturaleza, el ritmo lento y el golf rodeado de los paisajes más impresionantes, se encuentra Killcullen’s Seaweed Bath, una antigua casa de baño de estilo eduardiano, que lleva desde 1912 ofreciendo baños tradicionales de algas marinas. La mejor manera de entender la vida local.
Las algas pueden salvar el planeta e Irlanda está comprometida con ello
En 2020, la FAO publicó el Manifiesto de las Algas Marinas, un documento en el que participa el Banco Mundial, así como otros socios y expertos que colaboraron en la elaboración de estudios y compromisos que aquí se detallan.
La conclusión que se extrae de este documento es rotunda: las algas no son un superalimento, son una supersolución y pueden salvar el planeta. No solo porque pueden alimentarlo, sino porque pueden limpiar el aire y, al mismo tiempo, transformar las economías costeras hacia un modelo productivo y sostenible. El cultivo de algas no requiere de tierra, ni de fertilizantes ni de agua dulce y el océano genera además más de la mitad del oxígeno que respiramos y absorbe un tercio de todas las emisiones de origen humano. Irlanda lo sabe y se erige como uno de los destinos que propone a los viajeros experiencias turísticas con las que conocer de primera mano la importancia de darle una verdadera oportunidad a este superalimento, recolectarlo, degustarlo y apreciarlo. Con Mungo Murphy’s Seaweed, en la costa de Connemara, se puede además de recolectar y degustar algas, reservar algún tour para conocer su granja de cultivo o para vivir una experiencia gastronómica con las algas como protagonistas.







