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A 37 km de Basilea encontraréis Mulhose, que significa la casa del molino,  nombre que surge en tiempos de pertenencia a las posesiones  de la abadía de Saint Étienne de Estrasburgo y que, poco a poco, vio como se incrementaba la población alrededor de su centro. A partir del siglo XVIII, coincidiendo con el desarrollo de la industria, Mulhouse se consolidó como la primera Ciudad Obrera que sirvió de modelo para numerosas ciudades-jardines en Europa. No es casualidad que actualmente la ciudad se haya convertido en la capital europea de los museos técnicos.

Es cierto que el Museo Nacional del Automóvil que abarca los más de 400 vehículos de la colección de los hermanos Fritz y Hans Schlumpf de La ciudad del automóvil, es de los más prestigiosos del mundo pero, todavía es más cierto, que aunque a ciertas personas no le apasionan los coches, su visita se convierte en una especie de Louvre de los automóviles. Esta incríble colección se va abriendo paso bajo dos kilómetros de pasillos decorados con fantásticas farolas inspiradas en las del puente Alejandro III de París.

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Otra muestra de coleccionismo es La ciudad del tren que, transformada en plató de cine, expone 150 años de la historia del ferrocarril. En su Ecomuseo se recrea al aire libre la antigua vida rural de esta zona de Alsacia. Como capital mundial de la estampación textil que fue, Mulhouse nos muestra hoy su legado en su museo textil y de la estampación, muy recomendable. Para poder visitar los más de 60 museos que se encuentran en Regio TriRhena existe un bono de acceso libre durante 4 días.

Si prefieres conocer el casco antiguo de Mulhouse, la impresionante Plaza de la Reunión con un ayuntamiento de estilo renacentista renano, que te mostrará un conjunto de edificios de construcción muy originales y decorados con los estratégicos trampantojos. De uno de los laterales del Ayuntamiento pende una grotesca mascara de piedra que se colgaba a los que les gustaba pelearse y hablar mas de la cuenta (El Klapperstein)