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La antigua estación Julio Prestes del centro de San Pablo, antaño envuelta por el sonido de los trenes, hoy en día es sede de una de las salas de conciertos más modernas de América Latina. Imponente, la Sala San Pablo, una de las más importantes de Brasil, funciona en esa histórica construcción, dueña de bellos ornamentos.

Diseñada especialmente para recibir a las mejores orquestas sinfónicas o de cámara del mundo, y también a otros espectáculos musicales, es sede de la reconocida Orquesta Sinfónica del estado de San Pablo, que tiene la dirección artística de Arthur Nestrovski y al maestro francés Yan Pascal Tortelier como director titular.

Por su gran superficie puede alojar hasta a 1.500 personas, que se dejan envolver por los espectáculos y conciertos, ubicadas en asientos de metal con detalles en madera, diseñados con materiales especiales que no interfieren en el flujo del sonido. En el entrepiso y en el primer piso se suceden los balcones, veintidós en total, entre grandes columnas.

El techo, que se encuentra a 24 m de altura, también es una exhibición en sí misma: cuenta con quince paneles de 7,5 toneladas que se controlan individualmente o en conjunto y se adaptan según el concepto acústico de cada obra, y 26 banderas de terciopelo, que se disponen de acuerdo a la vibración necesaria.

Durante todas las semanas del año aquí se celebran variados espectáculos de primer nivel y también conciertos regulares. En mayo de este año, por ejemplo, se interpretarán obras de Robert Schumann, Gustav Mahler y Antonio Vivaldi, entre otros. Además de acudir a alguna de las funciones, que convocan a multitudes habitualmente, vale la pena realizar una visita guiada por su interior. En la Sala San Pablo, entregarse a la música asegura un deleite para todos los sentidos.

Más información: www.salasopaulo.art.br