Catedral  lituana

En el año 1989, un grupo de científicos del Instituto Nacional Francés de Geografía decidieron localizar el Kilómetro cero de Europa, el centro exacto del Viejo Continente. El ombligo de Europa resultó estar a 26 kilómetros al norte de Vilna, la capital de Lituania, un reconocimiento que la ciudad abrazó con orgullo, hasta el punto que en el año 1992 construyó el Europos Parkas, un museo al aire libre con más de 90 esculturas conmemorativas del epicentro geográfico.

En 1994 la UNESCO reconoció Senamiestis, el bello casco antiguo de la ciudad formado por 1.500 casas encajadas en tortuosas callejuelas y pequeñas plazas, como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Lo lindo de una visita a la capital lituana, cuyo inevitable punto de partida es la plaza de la catedral (Katedros aikste), que está en el centro histórico de la urbe.
Precisamente, de la plaza surge un ramillete de calles peatonales de entre las que destaca la de Gendimino Kalnas, el camino más corto para llegar a la colina de Gediminas.  En cuya cima se encuentra la torre Gediminio bokstas, desde dónde se puede observar toda la ciudad.

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Caminar por sus calles es un placer, está lleno de tiendas de souvenirs, con el símbolo de Lituania, como principal protagonista, así como tiendas de Gucci, Prada y Dior, así como sus confiterías, restaurantes con sus hermosas terrazas donde no puede faltar su cerveza lituana, el producto más exportado del país. También podrás encontrar el vetusto salón literario Literatq Svetainé emplazado en el número 1 y  algunos locales nocturnos más de moda en todo el Báltico.