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La Piazza di Spagna, ubicada en el centro histórico, se erige como uno de los lugares de encuentros de locales y extranjeros. Su interminable caminata, concluida por Francesco de Sanctis en 1726, se inunda de glamour cada primavera, cuando las modelos más bellas lucen las nuevas tendencias en el desfile Donne Sotto le Stelle (Mujeres bajo las estrellas). En la parte más alta se emplaza le iglesia Trinitá dei Monti, que ofrece una increíble vista panorámica de la ciudad. En la plaza nacen una serie de calles que prometen un lujoso circuito. La Vie dei Condotti, una de las más elegantes, alberga las casas de moda y las marcas más exclusivas del mundo, que llevan en sus vidrieras los dictámenes de la haute couture.

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Y como en todo viaje, siempre hay tiempo para un paseo romántico en Villa Borghese, un gran parque en forma de corazón, que es considerado uno de los pulmones de la ciudad y en su interior alberga museos, teatros y otras instituciones culturales, además de edificios y monumentos dedicados a diferentes personalidades. La Galleria Borghese exhibe la serie de esculturas y otras obras de arte collecionadas por el cardenal Scipione Borghese en el siglo XVII. Y en una de las caras más modernas de la ciudad, aparece el barrio periférico EUR, donde imponentes construcciones rememoran la grandeza de tiempos pasados.

Las coloridas y pintorescas calles de Trastevere dan forma a un barrio tradicional en el que vivían artesanos, comerciantes, pescadores y que poseía bellos jardines a orillas del Tíber. Sus restaurantes son ideales para probar la cocina romana y finalizar la jornada a pura caminata. Uno de los placeres autóctonos que se encuentra en toda la ciudad es la pizza, que se pide individual, nunca para compartir y es antecedida por algún antipasto característico como un fritto misto (plato con vegetales fritos, aceitunas rellenas y bocadillos de bacalao).

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La pasta, uno de los símbolos de la comida italiana, es una opción obligada en Roma y adquiere forma de lasaña, raviolis, tortellini o trenette. Y los cafecitos, con sus mesas en las veredas o sus balcones terraza, son un clásico para disfrutar de un exquisito capuchino. Un final feliz para el paseo en la Ciudad Eterna, la de los rastros de tiempos pasados, que se impone viva, alegre y dispuesta a ser descubierta.

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