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Visitar el Louvre de París es ingresar al museo más importante del mundo; es entrar en un universo consagrado a maravillosas obras de arte previas al impresionismo. Cada año, cerca de quince millones de personas caminan sus galerías, que abrieron en 1793 y en las que hoy se exponen 35 mil piezas, entre las que destaca La Gioconda, de Leonardo Da Vinci. Y hasta enero de 2010, además de mantener sus colecciones de siempre, el Louvre le dará un lugar especial a pinturas de la Venecia del siglo XVI, con la muestra “Titien, Tintoret, Véronése… Rivalités á Venise”.

Recorrer el Museo en un solo día es tal vez una hazaña que pocos pueden hacer real. Y que seguramente no tenga mucho sentido. Es que para disfrutar de cada una de las obras que se exhiben, hace falta aminorar el paso y dedicar tiempo a la contemplación. El Louvre es dueño de una colección de bellas artes, obras de arqueología, artes decorativas y esculturas que provienen del esfuerzo del coleccionismo real y de los hombres de la Ilustración y de la Revolución Francesa.

Su apertura fue un hito dentro de la historia, ya que se dio gracias al traspaso de las colecciones privadas de la monarquía, la aristocracia y la Iglesia. Fue un antecedente que determinó un camino que, más tarde, siguieron muchos museos europeos y de los Estados Unidos. El edificio que alberga al Louvre es el antiguo palacio real del Louvre, construido en el siglo XII y embellecido luego con ampliaciones renacentistas y de otras expresiones más tardías, y se completa, desde 1989, con una construcción que se volvió símbolo: una moderna pirámide de cristal. De este modo, el Museo del Louvre abrió sus puertas al mundo hace más de doscientos años y, desde aquel entonces, sin dudas una visita a París no estará completa sin un paso por estas galerías.

Información: www.louvre.fr

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