La isla de Capri está ubicada en el Mar Mediterráneo, al sur de Italia. Dividida entre las ciudades de Capri y Anacapri –ubicada en su parte más alta–, la isla posee como centro indefectible a la Plaza Humberto I, conocida como La Piazzetta, con una espectacular panorámica del monte Solaro. En esta especie de anfiteatro, donde se luce la Iglesia de Santo Estéfano, con sus cúpulas y el antiguo campanario de la Torre del Reloj, los bares y restaurantes sacan sus mesas al aire libre. Desde aquí se puede contemplar todas las callejuelas y caminos, donde se abren las calles Vittorio Emanuelle, Camerelle y Croce, repletas de sofisticadas tiendas y marcas internacionales que signan a Capri como capital de la hautecouture.

Rumbo opuesto se puede seguir el rastro de las laberínticas callecitas medievales perfectamente conservadas, donde fachadas de piedra, detalles en hierro y antiquísimos faroles ornamentan el entorno. Donde termina la Via Camerelle hay un corto sendero que conduce a Via Tragara. Además de elegantes restaurantes y hoteles, deslumbran Villa Discopoli, residencia del escritor Rainer Marra Rilke, y Villa Lo Studio, frecuentada por Neruda. A su fin, se llega a una gran terraza desde donde los farallones se muestran una vista espectacular. De ahí también se puede tomar un estrecho camino llamado Pizzolungo, que bordea la línea costera y desemboca en el Arco Natural.

Cerca de allí se sitúa la Grotta di Matermania, una profunda cavidad de 30 m. de largo donde se piensa que antiguamente se practicaban los cultos al dios Mitra o a Cibeles, la diosa de la naturaleza. Partiendo de La Piazzetta también el caminante se topa con los Jardines de Augusto, que mantiene el suntuoso paisajismo romano de la época en la que Capri era parte del Imperio (alrededor del 328 a.C.). Exuberante de flores, perfumes y vegetación, en estos jardines con terrazas no faltan los bustos y estatuas, y desde allí se contempla, cuándo no, un panorama digno de postal, dominado por los montes Tuoro, Tiberio y San Michele.

El sello de los emperadores romanos pervive en sus bellas residencias. Una de las más imponentes es la de Tiberio, Villa Jovis, cuyos restos fueron excavados entre 1800 y 1900 y es la más grande que se puede ver en la isla.  Villa Damecuta, en Anacapri, es otra de las villas imperiales interesantes de conocer. En el sudoeste de la isla también se yergue el Faro de Punta Carena, el que le sigue en importancia al de Génova por su potencia lumínica.

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