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Ya es muy conocida la belleza de las construcciones y la elegancia de la arquitectura parisina, pero en esta oportunidad nos vamos a detener en uno de los puentes de la capital francesa, que además de ser espectacularmente hermoso, cuenta con una gran importancia histórica: el Puente de Alejandro III.

Para comenzar podemos decir que es el puente más largo de la ciudad y que conecta la explanada de Les Invalides con el Grand Palais y el Petit Palais. Tiene su origen en el año 1896, cuando se decidió reemplazar la estructura metálica colgante existente hasta ese momento por una de imponente estética y que además sirviera para mostrar al mundo el punto máximo de esplendor de la ciudad con motivo de la renombrada Exposición Universal de París, inaugurada al igual que el puente en el año 1900.

Probablemente se pregunten cual es la razón de su nombre, y este se debe a que la piedra fundamental de la construcción fue colocada por el Zar Nicolás de Rusia dedicando el monumento al Zar Alejandro III de Rusia, quien había establecido buenas relaciones con el pueblo francés.

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El Puente de Alejandro III tiene una longitud total de 17 metros y es una de las primeras construcciones realizadas con estructuras prefabricadas, que luego se transportaron hasta la ubicación actual y se instalaron mediante grúas, lo cual debe haber significado todo un desafío arquitectónico para la época.

En su exquisita decoración se pueden observar minuciosos y recargados detalles propios de la arquitectura francesa donde sobresalen las esculturas de “Las Ninfas del Sena” y de “Las Ninfas de Néva” y otros elementos relacionados con la flora marina. Y ni que hablar del espectáculo que ofrece por la noche, cuando sus 32 candelabros de bronce iluminan este indudable ícono francés.

Vía│Sobre Francia

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