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El adjetivo “paradisiaco” pocas veces puede ser usado en forma tan certera para describir un destino. Esta isla suspendida en el Caribe está totalmente alejada del estrés en cualquiera de sus formas , incluso se encuentra alejada de México, pues para llegar a ella hay que tomar una lancha en Chiquila que queda a dos horas y media de Cancún y de Mérida y salen cada hora, desde las 6:00 hasta las 18:00 horas. Hay varios estacionamientos para dejar los coches. La isla es un lugar libre de tráfico, completamente distinto al caos de autos en México.
Casi todas las actividades en Holbox tienden al descanso. Puedes embarcarte por horas en una lancha para contemplar de cerca tanto a los exóticos flamencos, con su fascinante plumaje rosa y su caminar altivo, como a otras aves cómo pelícanos, cormoranes, gaviotas…., o simplemente tomar un masaje relajante en una atmósfera holística. Las actividades que producen mayor adrenalina en la isla son ir de pesca, practicar esnórquel o recorrer kilómetros y kilómetros al lado del mar a pie o en un carrito de golf, una moto o una bicicleta.

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Holbox pertenece a la reserva protegida de Yum Balam por lo cual se ha conservado libre de los grandes hoteles; sin embargo, la gama de hospedajes es amplia, hay desde pequeñas enramadas donde se rentan hamacas o espacios para tiendas de campaña, hasta exclusivos hoteles tipo boutique formados por sofisticados búngalos. Aunque el pueblo ofrece todos los servicios. En las calles centrales hay poco más de diez restaurantes rústicos de comida internacional donde se pueden desgustar pizzas, pescados y una infinidad de mariscos.

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