El primer sonido que oyes al cruzar el Ponte Pietra es el agua del Adigio golpeando contra los pilares romanos y, un poco más allá, subiendo desde las callejuelas de mármol rosa, el murmullo de la cola para tocar el pecho de una estatua de bronce. Verona lleva siglos jugando la carta del romance, Shakespeare la eligió como escenario sin haber puesto nunca un pie en ella, y el negocio le ha salido redondo: la visitan varios millones de personas al año que buscan el balcón de Julieta. Pero la ciudad da para mucho más que una leyenda literaria, y merece un día entero de paseo tranquilo.

Qué ver en Verona
La Casa di Giulietta es la parada obligada, aunque te lo diga con reservas: el patio se llena de grupos que hacen fotos junto a la estatua y las paredes de la entrada están cubiertas de notas de amor pegadas con chicle, algo que a mí personalmente me parece más curioso que romántico. La entrada al patio es gratis, pero si quieres subir a la casa y salir al balcón (el auténtico es del siglo XX, añadido para dar el gusto a los turistas) son 6 €. Yo entraría, haría la foto rápida y seguiría caminando, porque lo bueno de Verona está fuera de ese patio.
La Arena di Verona sí que merece parar más tiempo. Es un anfiteatro romano del siglo I casi intacto, más pequeño que el Coliseo pero con mejor acústica, y cada verano acoge un festival de ópera al aire libre que llena las gradas de piedra con miles de personas y velas encendidas antes de que empiece la función. Las entradas para sentarte en la grada de piedra rondan los 25 €, y si quieres butaca numerada el precio sube hasta los 150-200 € según la ópera. Aunque no vayas a ninguna función, entrar de día (10 €) y sentarte un rato en las gradas vacías ya merece la pena.

Piazza delle Erbe y Piazza dei Signori están a cinco minutos andando de la Arena y son el centro de la vida veronesa desde época romana, cuando aquí estaba el foro. La primera tiene puestos de fruta, souvenirs y un mercado que lleva funcionando literalmente desde hace dos mil años; la segunda es más elegante, con la estatua de Dante mirando hacia las Arche Scaligere, las tumbas góticas de la familia que gobernó la ciudad en la Edad Media.
Para la mejor vista de la ciudad, cruza el Ponte Pietra y sube al Castel San Pietro. Hay un funicular que cuesta 2 € y tarda un minuto, pero si no te importa caminar diez minutos por una cuesta suave, subir a pie sale gratis y de paso vas viendo los tejados naranjas asomando entre los cipreses. La mejor vista la encontré perdiéndome al volver, cuando el sol ya bajaba y las campanas del Duomo empezaban a sonar.
Consejos prácticos para visitar Verona
La mejor época para ir es mayo-junio o septiembre, cuando las temperaturas rondan los 20-25 °C y el festival de ópera ya está en marcha sin el calor sofocante de agosto (en pleno verano el termómetro sube fácilmente por encima de los 35 °C en la llanura del Po). Verona está a hora y veinte en Frecciarossa desde Milán (billete desde 25-40 € según antelación) y a poco más de una hora de Venecia, así que combina bien con cualquiera de las dos como excursión de un día o como parada intermedia. Si vuelas, el aeropuerto Verona Villafranca tiene bus lanzadera al centro por 6 € en 20 minutos.
Con un día completo ves lo esencial, pero yo me quedaría dos noches para caminar sin prisa por el barrio de Veronetta al otro lado del río, mucho más tranquilo y con precios de restaurante más bajos que en el centro histórico. Calcula un presupuesto de 50-60 € por persona y día incluyendo comidas, entradas y algún café de más, sin contar alojamiento.
Gastronomía local: qué comer en Verona
El plato que más te vas a encontrar es la pastissada de caval, un estofado de carne de caballo con vino tinto y especias que lleva siglos en la cocina veronesa, aunque si prefieres algo menos contundente hay risotto all’Amarone, cocinado con el vino tinto de la zona hasta que el arroz coge un color casi morado. Los tortellini di Valeggio, rellenos de carne y servidos en caldo, vienen del pueblo vecino de Valeggio sul Mincio y son otra parada obligada si te gusta la pasta rellena. Para beber, pide un Amarone della Valpolicella si quieres algo potente o un Soave blanco y fresco si prefieres algo más ligero, ambos de las colinas que rodean la ciudad.
Preguntas frecuentes sobre Verona
¿Cuántos días necesito para ver Verona?
Con un día completo cubres el centro histórico entero caminando: Arena, Casa di Giulietta, Piazza delle Erbe y Ponte Pietra. Si quieres subir a Castel San Pietro con calma, comer bien y cruzar a Veronetta, mejor dos noches.
¿Es verdad que tocar la estatua de Julieta da suerte en el amor?
Es la leyenda que ha hecho famosa la estatua del patio, y por eso tiene el pecho derecho pulido a fuerza de manos. No hay nada verificable detrás, es puro folclore turístico, pero forma parte del ritual de la visita.
¿Es Verona más barata que Venecia?
Sí, notablemente. Un menú en un restaurante del centro de Verona cuesta 5-10 € menos que su equivalente en Venecia, y no existe una tasa de acceso a la ciudad como la que Venecia aplica a sus visitantes de un día.
¿Merece la pena ver una ópera en la Arena?
Si coincide con tus fechas, sí. Ver Aida o Nabucco al aire libre en un anfiteatro de dos mil años, con miles de velas encendidas antes de que oscurezca, es una experiencia que no se repite en ningún otro teatro de ópera del mundo.
¿Se puede visitar Verona en una excursión de un día desde Venecia o Milán?
Sí, y es lo que hace mucha gente que también visita el puente de Calatrava en Venecia o que combina la escapada con Roma en el mismo viaje por Italia, aprovechando el tren de alta velocidad. Aun así, quedarte a dormir te deja ver la ciudad sin las hordas de grupos guiados que llegan a media mañana.
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