Ya varias provincias españolas se están especializando en este tipo de turismo, aunque en realidad, quien se lleva la palma es nuestra vecina Andorra donde prácticamente todos sus complejos hoteleros son de 5 estrellas están destinados a balnearios.

La sociedad de estrés en la que vivimos hace que para esta clase de turismo aparezca un renacimiento total. Hace años, solo se oía hablar de balnearios a los jubilados con achaques de reuma o lumbago; en cambio ahora, el turismo termal se ha convertido en uno de los atractivos principales de personas con ánimo de relajarse, descansar y ganar en salud física y mental.

Dejarse hacer. En esto consiste el divertimento diario de estos centros de terapia saludable.

Por la mañana te enfundas ese albornoz blanco y te pasas el día disfrutando de masajes, piscinas, chorros, ungüentos, leyendo en los ratos libres, charlando con tus compañeros de viaje o conociendo a gente nueva, ya que, hay muchísima gente que visita sola un balneario. Es saludable por dentro y por fuera. Con sólo un día de tratamiento, tu piel estará más suave y tersa, tus músculos sin un ápice de agarrotamiento y tu estado mental estará 100% óptimo.

Las instalaciones son apacibles y muy agradables. Suelos de madera o baldosa templada, sin exceso de decoración y colores generadores de calma.

Hay tratamientos y ventajas para todas las apetencias y edades: baños de burbujas, antiestrés, antitabaco, envolvimiento de algas o fango, piscinas, masajes de todo tipo, una amplia carta en el restaurante…

Mi recomendación es mi provincia: Ourense. Que tiene una oferta muy amplia, ya que las aguas termales naturales recorren gran parte del territorio. ¿No conocéis las burgas de Ourense? Habrá que hacer un post…