Se inauguró el 15 de Agosto de 1914 y todavía hoy sorprende la magnitud de la epopeya que le diera nacimiento. Ubicado en la parte más estrecha del pequeño istmo de la América Central, el Canal de Panamá es sin dudas una de las grandes obras de ingeniería de nuestro tiempo.

Une al Océano Atlántico con el Pacífico en cuestión de horas. Lo que antiguamente demandaba un extenso recorrido por las peligrosas aguas del Canal de Beagle en el extremo más austral de América, gracias a este paso interoceánico reduce tiempos y por sobre todas las cosas, costos.

Un complejo sistema de exclusas salvan el desnivel existente entre los océanos y posibilita el constante y fluido tránsito comercial y turístico entre los más remotos puntos del planeta.

Cruceros, cargueros y barcos de todo porte, hacen fila diariamente para atravesar la espesa jungla de una de las regiones más salvajes, agrestes y pintorescas del mundo.

La Autoridad del Canal, es la encargada de cobrar los cargos e impuestos por el cruce, que se estiman en función del porte y el peso de los barcos que por allí pasan. Una anécdota cuenta que un nadador, tratando de establecer un récord mundial, cruzó el canal y debió pagar el peaje correspondiente, que se redujo a unas pocas monedas.

Desde la ciudad de Panamá, la opción más cercana es la Exclusa de Miraflores, que cuenta con un cómodo mirador vidriado que permite apreciar el paso y las maniobras de grandes embarcaciones.
Panamá, maravilla por la majestuosidad de sus paisajes, pero también por la obra descomunal producto de la infatigable ambición natural del hombre.

Vía: www.pancanal.com

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