Uno de los principales elementos arquitectónicos que podemos llegar a encontrar en Brasilia, la capital de Brasil, tiene que ver con la Catedral de esta ciudad, denominada oficialmente “Catedral Metropolitana Nossa Senhora Aparecida”, una de las tantas obras locales que fueran realizadas por el célebre arquitecto Oscar Niemeyer, y que a menudo suele ser nombrada por los residentes locales como la “Catedral Metropolitana”.

Sobre este sitio religioso y arquitectónico al mismo tiempo, se debe decir que su piedra fundacional fue emplazada el 12 de septiembre de 1958, aunque las obras recién finalizaron en mayo de 1970, y para entonces, sólo podían verse 70 metros de diámetro de lo que es la Catedral Metropolitana actual, es decir, una pequeña porción de ella.

Una de las claves para entender la trascendencia de la Catedral de Brasilia tiene que ver, además, con que posee una estructura hiperboloide construida en hormigón, lo que para algunos da la imagen de que su techo de vidrio se alzara abierto hacia el cielo, justamente lo que el arquitecto manifestó estar buscando a la hora de pensar en un diseño innovador para un recinto religioso y de culto como es éste, tan especial a nivel mundial.

Lo cierto es que, en ese momento, proyecto de Niemeyer de la Catedral de Brasilia se basó en los hiperboloides de revolución, en donde las secciones son asimétricas, como de hecho puede verse en cualquier fotografía. Luego, a su vez cada columna posee una sección hiperbólica, y si se la observa a distancia, se puede ver como la Catedral parece tener dos manos que se elevan, moviéndose directamente hacia el cielo.

Además es interesante saber que esta Catedral de Brasilia posee cuatro campanas donadas por españoles residentes a nivel local, dos años antes de su inauguración, las cuales fueron preparadas y fundidas en Miranda de Ebro. Incluso, uno de sus puntos más salientes de cara al turismo, están relacionados con las esculturas de su exterior, muchas de las cuales son obra de Alfredo Ceschiatti.