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Aquellos que frecuentamos las playas latinoamericanas, nos sentimos sorprendidos ante la geografía de la Liguria italiana. Aquí no encontraremos extensas playas de arena ni oiremos los clásicos tambores. Sin embargo, el mar cálido y cristalino convierte a este enigmático circuito en un destino ideal para escaparse un fin de semana.

De paseo por el norte de Italia, vale la pena pararse dos días en Cinque Terre. Estos dieciocho kilómetros de costa rocosa llena de bahías, playas y fondos profundos, dominada por una cadena de montes que corren paralelos al litoral, fueron declarados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1997. 

Cinco pueblos, Riomaggiore, Manarola, Corniglia, Vernazza y Monterosso, asoman al mar y se conectan por distintos senderos. El Sendero Azzurro o Sendero Azul es uno de los recorridos más populares de toda la península. Este camino, que data de la Edad Media, se transita fácilmente a pie en 5 horas. La Via dell’ Amore es el tramo más celebrado por los enamorados, donde pueden dejar candados con sus nombres en un enrejado.

Si bien la caminata ofrece magníficas vistas panorámicas, el recorrido también puede realizarse en tren. Eso sí: hay que armarse de paciencia porque en temporada alta suelen demorarse. 

De lo cinco pueblos, Monterosso es el que posee las mejores playas. Por eso, vale la pena reservar alojamiento allí. No es recomendable hospedarse en La Spezia, ya que la ciudad se encuentra bastante descuidada y carece de grandes atracciones.

No esperen una gran atención al turismo. Como sucede en todo destino balneario, las deficiencias demoran al menos un año en corregirse. Los mozos no les tomarán el pedido o algunos perezosos no querrán brindarles reposeras, aunque las paguen. Sin embargo, estos pequeños traspiés no logran opacar la belleza del lugar: Cinque Terre es definitivamente una excelente opción para escaparse de la ajetreada vida urbana.

Para más información, pueden consultar el sitio cinqueterre.it

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