A 180 km de Toronto, Canadá, se vuelcan las famosas cataratas norteamericanas. Es importante dejar  a un lado la  comparación, para poder apreciar las cataratas del Niágara, es necesario dejar de evocar las del Iguazú. En la frontera entre Canadá y los Estados Unidos, la Naturaleza y los hombres dibujaron otro paisaje. Aquí no hay selva exuberante y siempre algún que otro edificio se cuela en las fotos.

También debemos tener en cuenta que la afluencia de turistas es mucho mayor y su acceso es bastante más sencillo. Sí queremos ir desde España es más fácil acercarnos a este espectáculo de la naturaleza gracias a que se han incrementado los vuelos a Canada, especialmente de Barcelona a Toronto. Iugalmente es posible acercarse si viajamos a Nueva York.

Sin embargo, una vez que se está frente al gran salto -son dos en realidad: el Velo de Novia, de 34 metros, en territorio estadounidense, y el Horseshoe Falls, de 54 metros, del lado canadiense-, la escenografía urbana logra hacerse a un lado. El mejor ángulo de vista es, sin duda, el canadiense, y las opciones para apreciarlas son de estilo norteamericano: de arriba, de abajo, de costado, de día, de noche, en verano y en invierno.

El responsable de tamaña furia es el río Niágara, que desciende casi 100 metros en sus 56 km de recorrido desde el lago Erie hasta el lago Ontario. En los orígenes, las cataratas estaban ubicadas más al Norte, cerca del actual pueblo de Queenston, pero el poder de erosión del agua -hoy controlada- provocó el desplazamiento hasta su enclave actual en Table Rock Point.

Navegar las aguas río arriba en un barco para 600 pasajeros permite acercarse a pocos metros de la gran garganta, donde 154 millones de litros de agua caen por minuto delante de las propias narices. Enfundado en un poncho azul impermeable, se puede optar por resguardarse de la llovizna incesante en la popa del barco, pero a riesgo de perder el  chiste del espectáculo.

Sin descartar el poncho, se puede recorrer un túnel de 200 metros -un tercio de la extensión total del salto- para sentir la fuerza del agua desplomarse “casi” sobre uno. Quienes prefieren las aproximaciones secas, pueden anotarse en un avistaje desde un helicóptero -en invierno, las imágenes suelen ser más impresionantes, ya que parte del agua se congela- o caminar simplemente por la amplia costanera.

De noche, las cataratas se iluminan de todos los colores -en Halloween prima el naranja y en Navidad, el rojo y el verde- y son motivo de mitos románticos, como aquel que asegura que la caída de agua libera iones negativos con poderes afrodisíacos. Por algo será que el Niágara congrega a más de 50 mil parejas de recién casados por año.

Actividades que puedes realizar: La navegación en el barco (Maid of the Mist), cuesta por persona, CAD 14,50 y elrecorrido por el túnel (Journey Behind the Walls) son CAD 13 + impuetos. Por CAD 40 se puede sacar un pase diario que incluye estas y otras atracciones.

Por más información: www.niagarafallstourism.com