Cuando queremos conocer la belleza natural del planeta, en todo su esplendor, uno de los mejores destinos a los que podemos acceder, es América Central. Y dentro de esta región del mundo, Guatemala cuenta con una impresionante cantidad de destinos realmente muy recomendables, entre los que hoy queremos mencionar en especial el lago Amatitlán, ubicado a apenas media hora de viaje de la capital nacional.

Este lago, que se encuentra ubicado a una altura superior a los 1.150 metros sobre el nivel del mar, tiene unas dimensiones de doce kilómetros de largo por tres de ancho, además de una superficie de 15 kilómetros cuadrados, una profundidad máxima de apenas 33 metros, y una media de 18, por lo que el volumen del agua es relativamente bajo.

Este sitio natural, que existe hace miles de años, fue en su momento sobre todo importante para el desarrollo de la vida humana en la zona, desde épocas precolombinas, cuando tribus como por ejemplo los Pocomam se asentaron en sus alrededores, considerando que de allí podían abastecerse de agua, además de conseguir sus alimentos, tanto peces, como los animales del lugar.

Entre las plantas que podemos llegar a destacar forman parte de los alrededores del lago, y de cuya presencia se desprende el interés de botánicos de todo el mundo por conocer este lugar, se encuentran algunas como por ejemplo la Jussiaea peruviana, y la Typha scrirpas, además de otras flotantes, como la Eichhornia crassipes, todas ellas realmente difíciles de hallar en otras partes del mundo, y menos en la densidad que podemos encontrarlas aquí.

Muchas de las personas que se acercan a conocer al lago Amatitlán, optan también por acercarse a su principal afluente, el río Villalobos, existiendo también otros muchos cauces, aunque los demás no son tan conocidos ni tan importantes, además de que no cuentan con las formaciones de paisajes tan espectaculares del sitio previamente mencionado.