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Los climas y los paisajes varían a lo largo y a lo ancho de la Argentina. E incluso en una misma región se presentan varios de ellos, como conviviendo pese a sus diferencias. En la provincia de La Pampa, justo en el centro del país, el clima semiárido reina. Allí, donde las precipitaciones son escasas, aparece un rincón que tiene fama de oasis: el Parque Nacional Lihué Calel, con 10.000 hectáreas de monte de llanuras y mesetas. Es que gracias a la impermeabilidad de los suelos que circundan las pequeñas sierras, el agua de lluvia se ve retenida naturalmente y, en algunas épocas del año, como en otoño y primavera, hasta se crean ríos estacionales. Debido a ello se ha generado un microclima húmedo, altamente favorable para la vida vegetal y animal.

Visitar el parque es entrar en contacto pleno con la naturaleza y con la historia de los pueblos originarios. Desde el Centro de Visitantes Likan Mapu nacen senderos en distintos sentidos para recorrer y disfrutar de la inmensidad de esas tierras. Camino al Cerro de la Sociedad Científica Argentina (el más alto de la región), se pueden realizar safaris fotográficos y avistaje de animales autóctonos como guanacos, vizcachas, pumas, tucu tucus, halcones y zorros. Entre la vegetación que abunda, hay helechos, claveles del aire y líquenes, además de otras especies características. Una vez en el cerro, la inmensa laguna Urre-Lauquen se adueña del paisaje, mientras que en los valles De las Pinturas y Namuncurá el arte rupestre dice presente a través de impactantes representaciones con motivos geométricos de color rojo y negro, de unos 2.000 años de antigüedad.

Más información: www.lihuecalel.com.ar

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