Siendo considerado uno de los principales centros culturales de Europa, el Teatro Nacional de Praga es para muchos especialistas el corazón de la ópera checa, sin dejar de mencionar su trascendencia como Monumento Nacional, rango con el que ha sido distinguido, y en sí, la importancia que también reviste para el arte en este país a todos los niveles.

De hecho, el Teatro Nacional de Praga ha estado asociado históricamente a algunos de los más importantes artistas locales, los mismos que se han encargado de devolver al recinto parte del prestigio que el mimo les otorga, sin distinción del tipo de arte que desarrollan, ya que aquí podemos presenciar las mejores interpretaciones del mundo en cuanto a ópera misma, además de ballet, y drama, entre otros.

Actualmente, el Teatro Nacional se encuentra dividido en tres edificios que son considerados históricos en República Checa, como lo son el del Teatro Nacional en sí mismo, el Teatro Estatal y el Teatro Kolowrat. Uno de los aspectos salientes de todos ellos es que más allá de las representaciones llevadas a cabo por algunos de los mejores artistas checos, han abierto indudablemente sus repertorios a algunos de los más magníficos artistas a nivel mundial.

En cuanto a la historia del recinto, podemos decir por ejemplo que apertura del Teatro se produjo el 11 de junio de 1881 con el estreno de la ópera Libuše, de Bedřich Smetana, no siendo un dato menor, y mucho menos casual, que esta inauguración coincidiera con la visita a Praga del Príncipe Coronado Rodolfo, aunque increíblemente dos meses más tarde se produjo un incendio que destruyó parte del mobiliario.

Una vez reconstruido, luego de recaudarse fondos entre la aristocracia checa teatro reconstruido se reabrió el 18 de noviembre de 1883, de nuevo con la ópera Libuše, y así funcionaría en el mismo estado hasta 1977, cuando fue cerrado por seis años para someterse a una remodelación casi completa, siendo inaugurado, otra vez, en noviembre de 1983, como no podía ser de otra forma, con Libuše.

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