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(Segunda parte). Continuamos hablando del encanto y la historia de Gernika.

Los amantes de la naturaleza disfrutarán en el Parque de los Pueblos de Europa, que además de una amplia variedad de árboles alberga esculturas
del vasco Eduardo Chillida y del inglés Henry Moore. En el recorrido no puede faltar el Convento de Santa Clara unido por un arco de medio punto al antiguo Hospital del Señorío y el mural de cerámica Gernika, una reproducción artesanal de la obra de Picasso.

Ningún visitante podrá quejarse de la comida, ya que en casi cualquier restaurante se puede degustar la cocina tradicional vasca, que basa su éxito en la calidad de las materias primas como el pescado, carne y verduras, siempre acompañados de sidra o txakoli, (vino blanco producido a partir de uvas verdes). Entre los platos típicos destacan los pinchos y los platillos elaborados con pimiento, uno de los mejores productos del territorio. Una buena opción es el restaurante Zallo Barri o el Boliña.

El hotel Gernika es el más céntrico, aunque en las afueras también se localizan otro tipo de hospedajes ideales para explorar los alrededores como las Cuevas de Santimamiñe, donde se pueden apreciar pinturas rupestres o el Bosque Pintado, cuyas filas de árboles decorados por el artista vasco Agustín Ibarrola, son una sorprendente combinación de arte y naturaleza. Para relajarse se recomienda visitar la costa Vizcaína como las tranquilas playas de Leiona o las de Mundaka, las mejores para practicar surf.

Oficina de Turismo de Gernika [email protected].