Entre todos los elementos de interés turísticos que podemos mencionar en Barcelona, evidentemente uno de los más interesantes en el plano cultural es la famosa Casa Milá, también conocida como “La Pedrera”, siendo uno de los principales edificios de tipo modernista en la región, y una de las obras más influyentes jamás realizadas por el arquitecto Antoni Gaudí, que la levantó a comienzos del siglo pasado, entre 1906 y 1910.

La Casa Milá, que se encuentra ubicada en el distrito del Ensanche de Barcelona, en el número 92 del Paseo de Gracia, fue construida por el mencionado arquitecto por un pedido particular del afamado matrimonio compuesto por Pere Milà i Camps y Roser Segimon i Artells, y es considerado una de las mejores obras, en una etapa muy particular de esplendor del arte desarrollado por Gaudí, aunque eso no le eximió de las críticas de sus detractores.

Una de las claves para entender la imponencia de esta esquina de Barcelona tiene que ver directamente con que la Casa Milá presenta en realidad tres fachadas separadas cada una de las otras. Las mismas se encuentran ubicadas, formando una continuidad estética muy bien cuidada, obre el Paseo de Gracia, la calle Provenza, y sobre el Ensanche por Cerdá, de modo que se trata de una sola construcción a simple vista.

Además, esta obra es saliente por la impresionante cantidad de curvas que presenta justamente su frente, de moto que otorga a quienes la están mirando, la sensación de moverse internamente, por sus formas ondulantes, y sus varias características particulares, sobre todo a partir de la aparición también de los balcones, algunos años más tarde a su levantamiento.

Sin embargo, y aunque hoy en día se trata de uno de los edificios más respestados de Europa, cuando fue inaugurado recibió, como decíamos, una gran cantidad de críticas de “especialistas” en la materia, por no respetar ninguna de las normas clásicas de estilo que se utilizaban por aquel entonces, aunque el propio Salvador Dalí la defendió de modo enérgico.