lago bledLo que más maravilla de la República de Eslovenia es que, en una superficie similar a la de la provincia de Ciudad Real, podamos encontrar tanta variedad de paisajes: zonas de alta montaña, frondosos y verdes bosques, amplias llanuras dedicadas al pastoreo y al cultivo de la vid, o bonitas  costas bañadas por el Adriático.

Hoy viajamos hasta su noroeste, casi pegando a la frontera con Austria, para visitar una pequeña localidad que posee un encanto como pocas que yo haya visitado: Bled. Se encuentra situada a orillas del lago glaciar que lleva su nombre. Esta zona geográfica se encuentra franqueada al norte por los Alpes Julianos, donde podemos disfrutar de las vistas del pico más alto de Eslovenia, El Triglav (“Tres Cabezas”), símbolo que aparece en el escudo del país.

Esta localidad explota de manera muy eficiente su turismo. En ella puedes practicar equitación, pesca, golf, relajarte en su balneario, o deportes invernales a escasos kilómetros, en la estación que posee incluso rampa de saltos de esquí. Aunque sin duda a lo que más llama este lugar es al senderismo por las montañas circundantes.

Impresionante es la complicada ascensión al castillo, construido hace ocho siglos por los Obispos de Brixen, en lo alto de una imponente colina. Desde sus terrazas gozarás con la panorámica del lago, con su isla en el medio, como de cuento, donde se encuentra la Iglesia de Maria, de estilo barroco y que, según los lugareños, su construcción original, está datada de hace mil años.

Durante gran parte del invierno, el lago de Bled permanece helado, pudiendo ser cruzado patinando para acceder a la isla. Pero en verano su templado clima ofrece el atractivo de los deportes acuáticos, eso sí, para los más atrevidos, ya que sus aguas permanecen frías durante todo el año.

Sin duda alguna, todo viajero que ha visitado Bled, esta pequeña pero encantadora ciudad eslovena, tras abandonarla sueña con volver a ella algún día.

 

Imagen: beautifulplacestovisit