bahamasAzul y más azul. Después de una tormenta de verano, el fondo del escenario de más irreal. Bahamas es el país de los colores intensos. Su bandera refleja su espíritu: el amarillo del sol, el azul del mar y el negro de su población. El mestizaje es un reclamo más para un espacio natural que ha hecho del ocio su gran patrimonio. Son 700 islas, aparentemente perdidas en la inmensidad del Atlántico, que forman un país conocido como Bahamas.

La visión desde la pequeña ventanilla del avión, que nos lleva desde Miami hasta Abaco, hace más atractivo el destino. Las aguas cercanas a la costa toman un sutil tono esmeralda y las franjas de arena pasan del blanco al amarillo, formando una infinidad de tonos rosáceos en función de su orientación. Incluso las palmeras han decidido ayudar a remarcar los límites de su territorio. Estamos llegando al paraíso, al refugio perfecto, al sueño de cualquier amante del mar.

Parece que una mano mágica dispuso estas islas como antesala de las otras islas del Caribe o del gran estado de la Florida. Queda claro que Bahamas es un abanico de colores. En los días despejados, que son la mayoría, un sol, tan radiante como abrasador, hace brillar intensamente los colores de las casas de Nassau, la capital. En la parte alta de la ciudad, las viejas maderas hablan de su pasado inglés, de sus comerciantes holandeses y sus marineros hispanos. Cada uno aportó la fuerza de su cultura. Su arquitectura es el mejor reflejo de esas vivencias.

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Hoy, los colores de la calle asaltan al turista. Aquí, la sobriedad puritana de los colonos ingleses parece haber desaparecido. Su austeridad se viste de rojo, de azul, de verde y sobre todo de blanco y rosa, como un gigantesco helado de nata y fresa.

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