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Los Ángeles se han convertido en protagonista de la Historia Sagrada desde hace miles de años. Fue un ángel el encargado de expulsar a Adán y Eva del Paraíso. También fue el encargado de detener la mano de Abraham cuando se disponía a matar a su hijo Isaac por mandato divino. Un ángel también fue el encargado de tranquilizar a José cuando María quedó embarazada sin ser obra suya. Estos son solo algunos ejemplos, pero no los únicos, ya que según cuentan, los ángeles están entre nosotros para protegernos.

Y, sin embargo, han sido necesarias 24 exposiciones, 31 años y más de 11 millones de visitantes para que Las Edades del Hombre los eligieran como protagonistas de su nueva exposición “Angeli”. Han tenido dónde elegir. El patrimonio artístico religioso de Castilla y León es inmenso, se estiman en unas 400.000 obras. Ahora son 90 piezas con más de 300 ángeles –268 son buenos y el resto demonios y expresiones del mal–, los que se han expuesto en Lerma (Burgos) un lugar perfecto para disfrutar de la muestra y acercarse a una tierra con un pasado interesante, cargado de historia, cuna de Castilla y con atractivos terrenales que seducen a los menos espirituales.

Lerma acoge la muestra “Angeli” en tres sedes: la primitiva parroquia, donde se proyecta un audiovisual introductorio un tanto confuso; la colegiata gótico-renacentista, donde está la parte más destacada de la exposición y el vacío y austero Convento de las Clarisas, en realidad llamado Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, del mismo estilo herreriano que el vecino palacio del Duque de Lerma, reconvertido en Parador de Turismo. Pese a la profusión de obras de arte y paneles explicativos, la muestra permite admirar entre capiteles y altares obras de El Greco, Luca Giordano, Juan de Juni, Fernando Gallardo, Gil de Siloé, Gregorio Fernández o de deliciosos y numerosos autores anónimos.

Hay que destacar que los ángeles están presentes en todas las culturas que han existido a lo largo de la historia. Esta exposición se centra en el mundo bíblico, sin entrar en matices como las nueve categorías de ángeles y querubines, aunque sí que se da espacio a los demonios, la sombra o los ángeles desterrados.

Placeres terrenales

Nada más adecuado en esta villa de Lerma, donde el valido de Felipe III, Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, llegó a gobernar medio mundo, urbanizó y embellezó la ciudad, atrajo órdenes y conventos y manejó a su antojo bienes y haciendas propias y ajenas hasta que temiendo ser juzgado por malversación a la muerte del rey, decidió conseguirse una inmunidad (ya entonces se hacían esas cosas) haciéndose nombrar cardenal, lo que inspiró la sagaz sabiduría popular con la conocida copla: “Para no morir ahorcado / el mayor ladrón de España / se vistió de colorado”.

No es el único personaje célebre en Lerma. Otro villano, o héroe, según cómo se mire, fue el cura Merino (no confundir con el activista liberal, conocido por haber llevado a cabo un atentado fallido contra la reina Isabel II en 1852), que se enfrentó a Napoleón y aprovechó el trazado de las viejas bodegas subterráneas que trufan el pueblo para convertirlas en refugios o caminos para sorprender a los gabachos. También es célebre José Zorrilla, autor del Don Juan Tenorio, que venía de joven a pasar los veranos en casa de su tío y se enamoró de una moza que le dio calabazas, aunque no es seguro que se tratara de la novicia doña Inés a la que dedicó el célebre verso: “No es verdad, ángel de amor…”, que hoy ilustra en forma de graffiti una de las paredes vecinas de la Colegiata.

Tierras de Burgos

Complemento perfecto de la visita a Lerma es Covarrubias, que ha remozado y peatonalizado su casco histórico y figura en el club de pueblos más bonitos de España y cuyo claustro acaba de ser acondicionado como parte del Museo parroquial, en el que destaca el tríptico flamenco “La adoración de los Magos”, una joya de gran belleza. La colegiata gótica reúne tantos enterramientos que el rey Alfonso XIII la llamó “panteón real.

Y no muy lejos, Santo Domingo de Silos cuyo claustro es una joya del románico por sus capiteles y relieves de gran pureza y muy bien conservados y por el que deambulan, cuando no hay turistas, algunos de los 30 monjes que todavía lo habitan y a los que se puede escuchar con sus cantos gregorianos. En medio del claustro, el ciprés al cual dedicó Gerardo Diego su célebre soneto –“Enhiesto surtidor de sombra y sueño…”–. Junto a la botica medieval están el refectorio y otras estancias que acaban de ser remodeladas como museo. Una de las salas acoge este año pinturas de Antonio López, ejercicios de un taller de pintura que, por su espiritualidad, forman parte de la exposición de Las Edades del Hombre.

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