También conocida como la “Gran Mezquita de Damasco”, se trata de uno de los sitios que no podemos llegar a perdernos si visitamos la capital siria, considerando que se trata de uno de los templos más sagrados de todo el país, además de ser una de las mezquitas más antiguas y grandes de todo el planeta, al punto de ser considerada, por relevancia, el “cuarto lugar más sagrado del Islam”.

Hay que destacar, en cuanto a la historia de este sitio, que el mismo fue desarrollado por el califa omeya Walid I en el año 705, luego de que el mismo llegara a la ciudad de Damasco, llevándole cerca de una década la construcción, y realizándose las obras sobre la antigua catedral bizantina dedicada a Juan el Bautista, asentada en este sitio desde la época del emperador romano Constantino I.

Una de las características más salientes de esta mezquita tiene que ver directamente con que fue la primera en la historia donde se utilizaron algunas de las formaciones más clásicas de este tipo de construcciones en los años posteriores. Una de ellas fue el conocido minarete, como así también el nicho que marca la qibla, además de la luego tradicional disposición de tres naves cubiertas y paralelas al muro y el patio exterior.

Es de destacarse también que la mezquita se encuentra muy bellamente adornada por mosaicos coloridos, tanto en su aspecto interior como exterior, del mismo modo que los mismos fueron realizados por artistas bizantinos, uno de los pueblos expertos en el trabajo de este tipo de materiales, y la mayoría de los cuales desarrollaron mosaicos relacionados con las paredes del templo, generando lo que muchos consideran la representación más real del Edén.

Además, la historia cuenta que en una de las salas adyacentes se encuentra el sepulcro con la cabeza de Huséin, el nieto de Mahoma, motivo por el cual el mausoleo se ha convertido en un sitio de peregrinación constante para los chiítas.