Los brasileros son muy recelosos acerca de sus playas. Y Fernando de Noronha es la niña consentida de este gran sudamericano. La isla, que emerge a 360 kilómetros del continente, es uno de los sitios preferidos de buceo del mundo.

Su fama es bien fundamentada: ya desde el aire se perciben morros piramidales, playas desiertas y exuberante vegetación.

Declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, el gobierno pernambucano implementa una estricta política de preservación. El número de habitantes diario se encuentra restringido a 120, no se permite que más de 465 turistas permanezcan simultáneamente y se debe pagar una tasa de preservación ambiental que aumenta considerablemente día tras día.

Para los 2.400 habitantes locales, las reglas no son menos rígidas. La utilización de vehículos se limita a algunos buggies y camionetas y, desde hace un tiempo, fueron prohibidos los nacimientos dentro de Noronha, para evitar la obtención de derechos naturales de residencia.

Bahia do Sancho es la playa principal. Se accede descendiendo por unas escalinatas verticales enclavadas en la roca. En la base del morro hay una singular cascada de agua dulce y tibia.

Bahia dos Porcos ofrece piscinas naturales ideales para practicar snorkel y contemplar cardúmenes multicolor, tortugas y rayas.

Fortinho do Boldró ofrece la mejor vista del atardecer, con música chill out y cócteles deliciosos.

Las Pousada Zé Maria y Pousada Maravilha son encantadores sitios donde hospedarse. Si se quiere disfrutar de música en vivo, los bares de la Via dos Remedios son ideales. También, todos los lunes el Bar do Cachorro ofrece show de maracatú, ritmo típico de Recife, con músicos y bailarines de coloridos trajes.

Preservar es el lema de este paraíso custodiado.