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Lucía Llanos

Cuando me propusieron participar en la campaña “El post Imposible” de Vodafone haciendo un rápel con Laureano Casado ni me lo pensé: ¿cómo iba a perderme la oportunidad de vivir una experiencia de este tipo junto a un experto de su categoría?

Así que aquí estoy, colgada a 60 pies de altura informando de lo que se siente. ¿Qué se siente? Sobre todo, muchísima paz: por el paisaje que tengo delante, el sosiego de la sierra y por verlo todo a vista de pájaro (vale o casi, ¡qué más hubiera querido!)

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La aventura comenzó a las 11.30 de la mañana escogiendo el lugar perfecto para el descenso. La verdad es que la opinión de quienes me acompañaban era como para tenerla en cuenta. En primer lugar, Laureano Casado: a lo mejor por su nombre no os suena mucho pero ¿y si os digo que participó en más de 20 programas de “Al Filo de lo Imposible”? Es toda una eminencia en las alturas: fue la primera persona en saltar desde el pirulí de Madrid en parapente, es la única persona que ha saltado desde un globo en parapente aterrizando en otro y después saltando en paracaídas, ha volado en parapente biplaza desde la cima del Naranjo de Bulnes y ha atravesado el Caribe desde Cuba a Méjico en paramoto. Y aunque parezca mentira, esto es sólo un aperitivo, os dejo más datos de su vida en su página personal.
Y en segundo lugar, José Molina, que tampoco se queda corto en deportes de riesgo. Trabajó como especialista en “Al Filo de lo Imposible” y técnico de seguridad en “El Juego de la Oca” y durante varios años trabajó también como especialista en deportes de aventura en la cadena pública italiana (la RAI). Entre sus múltiples hazañas destaca haber realizado un rápel desde un globo a dos mil metros de altura.

Después de estudiar minuciosamente (ambos son unos apasionados de la total seguridad en el riesgo) la zona para el descenso, comenzó la puesta en marcha. Cuerda va, cinta viene, pásame el mosquetón, ponte el arnés, regúlate el casco, acércame la moqueta… (sí, moqueta para proteger las cuerdas de los filos de la roca) Total, todo quedó listo y me tocaba entrar en acción.

No creáis, el comienzo fue difícil (claro, como casi todos los comienzos), y es que te sientes como la pescadilla que se muerde la cola: para sentirte segura tienes que soltarte pero no te sueltas hasta que te sientes segura. La impresión era enorme, pero me moría de ganas por probar, así que fui siguiendo sus indicaciones y comencé a bajar.

Dejas caer tu peso sobre la cuerda y vas dando pasitos pequeños para ir bajando poco a poco. Y eso es todo, porque realmente lo que impresiona es empezar (en mi caso un poco más porque el comienzo de la roca da un pequeño salto). Una vez que sientes que es prácticamente imposible que te caigas (aunque tu mente no deja que abandones ese pensamiento hasta que pisas tierra firme) empiezas a disfrutar de verdad el rápel, sientes que depende de ti hacerlo bien para llegar abajo y le coges gusto al momento y a la situación.

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La idea de “El post imposible” nace para promocionar el nuevo Módem 3G USB de Vodafone y el Dell mini Inspiron 910 , desde el cual estoy escribiendo. ¿Quién me lo iba a decir? Mira que me gusta llevarme el portátil a cualquier parte para trabajar o conectarme a Internet pero, ¿a alguno se os había ocurrido conectaros a la Red desde una altura de unos 25 metros? Desde luego a mí no, pero no puedo negar que la experiencia está siendo de lo más gratificante y que no me importaría repetir para otra acción de este tipo.

Mientras tanto, voy a guardar el ordenador (que lo llevo bien sujetado a mi arnés) y a ver si acabo de hacer el descenso, que quieras que no, aunque esté muy a gusto no dejo de estar colgada en plena montaña y a una altura considerable. ¡Un abrazo!

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