La Isla de Pascua o Rapa Nui es uno de los grandes misterios etnográficos y antropológicos de todos los tiempos desde su descubrimiento.

Junto con sus islotes adyacentes, forma parte de una gran cadena volcánica en el Océano Pacífico y a pesar de que podemos asociarla con la estética de Gauguin y otras islas exóticas y es la más oriental de las islas de la Polinesia,  en verdad  pertenece a Chile, y es una de las provincias de la región de Valparaíso.

Rapa Nui es uno de los lugares más aislados del planeta, sólo podremos hacerlo desde la Isla Papeete  perteneciente a Tahití, o desde Santiago de Chile, del que dista unos 3.800 km. La Compañía chilena LAN monopoliza los vuelos, por lo que no resulta fácil encontrar billetes baratos (suelen andar por los 500€).

Con una superficie de 166 km2 y una altura de 509 m. sobre el nivel del mar, Rapa Nui posee unas aguas cálidas y transparentes y playas de arenas blanquísimas  de coral, calificadas como paradisíacas. Su clima subtropical, con temperaturas entre los 18 y 27 grados nos garantiza su disfrute, aunque no son sus playas el principal atractivo turístico.

Rapa Nui está considerada el mayor museo arqueológico del mundo, al aire libre. Diseminadas por toda la isla, hay cientos de enormes estatuas (unas novecientas en total), llamadas moai, espectaculares por su tamaño, de entre 4 y10 metros que representan unas extrañas figuras antropomórficas talladas en piedra.

Hoy en día y a pesar de los muchos estudios e investigaciones realizados, aun no se sabe con certeza ni quienes las tallaron –se cree que fueron los habitantes polinesios- ni cuál era su función, aunque la teoría más extendida es que eran parte de un culto funerario a los antepasados.

Todos estos enigmas han hecho de la Isla de Pascua un destino turístico visitado por miles de personas cada año a pesar de estar en un lugar tan perdido y difícilmente asequible.

Marga G.-Chas Ocaña