Uno de los paisajes más maravillosos de Bolivia, y de Sudamérica en toda su extensión, es indudablemente el Salar de Uyuni, famoso para algunos por ser el mayor desierto de sal continuo del mundo entero, con su superficie de más de 12.000m kilómetros cuadrados, estando situado a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de Daniel Campos en el departamento de Potosí, sobre la Cordillera de Los Andes.

Además, este sitio que es considerado del mismo modo una de las mayores reservas de litio en el mundo entero, ofrece a quienes lo visitan la posibilidad de encontrarse con varios otros elementos materiales que han sido extraídos de distintas partes del mundo, pero que aquí se conservan, como por ejemplo el potasio, boro y magnesio.

Es tal la trascendencia de este sitio dentro del panorama turístico boliviano, que alrededor de 60.000 personas lo visitan cada año, especialmente en el mes de noviembre, cuando comienza allí la cría de hasta tres especies de flamencos, el flamenco austral, la parina grande, y la parina chica; mientras que la mayoría de ellos acude a visitar la famosa “Isla del Pescado”, con sus cactus de más de diez metros de altura.

Para los arqueólogos el sitio también es de suma importancia, considerando que allí se han encontrado momias de hasta 3.000 años de antigüedad en el lugar, muchas de las cuales se hallaban al borde del salar. Ahora, en el mismo sitio, lo que abundan son hoteles de magnificencia, algunos de los mejores en el país, y considerados también entre los más extravagantes del mundo.

De este modo, el Salar de Uyuni es uno de los paraísos naturales que no podemos dejar de visitar a nivel mundial, sobre todo en la zonas en las que el reflejo del sol se produce de modo tal que es casi imposible establecer una línea divisoria entre el cielo y el suelo.