También conocido como las tumbas de la dinastía Ming, se trata de uno de los principales sitios turísticos de China, concretamente ubicadas a 50 kilómetros de la capital Pekín, y que llama la atención de los visitantes, debido a que allí se encuentran enterrados trece emperadores de la dinastía Ming así como 23 emperatrices, cortesanos y concubinas de la corte de aquel entonces.

En realidad, se trata de una antigua necrópolis, con una superficie superior a los 40 kilómetros cuadrados, la cual se encuentra ubicada en medio de un valle, desde donde puede divisarse también la famosa montaña Tianshou, y los historiadores suponen que las tumbas fueron levantadas entre los años 1409 y 1609, época en la que la dinastía Ming era la gobernante, y se le rendía pleitesía de todos los modos posibles.

Además, la cantidad de turistas llegados a este sitio se ha multiplicado notoriamente en los últimos tiempos, gracias a la declaración del lugar como Patrimonio de la Humanidad, en el año 2003, y posteriormente de Área Protegida por el Gobierno de China, al año siguiente.

Otro elemento esencial para entender la importancia de este sitio tiene que ver con que en aquellos tiempos, existía la creencia de que, una vez muerta, una persona seguía teniendo las mismas necesidades que cuando estaba viva, por eso los exploradores y quienes han realizado las excavaciones en el lugar, se han encontrado con tumbas que por dentro parecen verdaderos palacios, de forma que lo indica el propio Feng Shui.

Además, y más allá de que cada emperador diseñaba su propio mausoleo, todas las tumbas tienen unas características estructurales comunes. En la mayoría de los casos presentan tres espacios. El primero con los edificios para los sacrificios de los vivos hacia los muertos; en el segundo las estelas funerarias; y por último, el sepulcro en sí mismo.