El Castillo de Mir es uno de los principales centros culturales e históricos que Bielorrusia puede ofrecerle a las personas que la visitan, considerando por ejemplo que se trata de uno de los pocos sitios en este pequeño país que han sido considerados “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO, encontrándose ubicado el mismo en el distrito de Karelichy, en la provincia de Goradnia, a relativa poca distancia del Castillo de Nesvizh.

En cuanto a la historia de este sitio, debemos decir que la construcción del mismo comenzó hacia finales del siglo XV, y que la misma se ha desarrollado desde entonces en un claro estilo gótico, sin dejar de mencionar que las obras fueron concluidas por el duque Ilínich a principios del siglo XVI, cuando comenzó a dirigir las mismas cerca del pueblo de Mir, situación por la que le asignó ese nombre.

Luego, alrededor de 1568 el castillo de Mir pasó a manos de Mikołaj Krzysztof Radziwiłł, quien acabó de realizar algunos detalles del recinto, aunque éstos ya con un toque más renacentista. De hecho, en ese momento también se levantó un nuevo palacio de tres pisos, junto a los muros del este y norte del castillo, utilizando entre otros, portales de caliza, placas, balcones y porches.

Sin embargo, y más allá de la imponencia del lugar, el mismo permanecería abandonado por alrededor de un siglo, sufriendo todo tipo de consecuencias de las guerras de la época napoleónica, aunque comenzó a ser restaurado ya desde finales del siglo XIX, cuando fue tomado por Dominik Hieronim Radziwiłł, quien luego lo cedería a su hija Stefania.

Posteriormente, uno de sus descendientes, Maurice Hohenlohe-Schillingsfürst vendió el castillo a Nikolai Sviatopolk-Mirski, del clan Bialynia, en 1895, y por esa época fue cuando se encargó al arquitecto Teodor Bursze que realizara algunas nuevas modificaciones al castillo, que también estuvo ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, alojándose allí multitud de judíos, muchos de los cuales luego fallecerían en los centros de exterminio.