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Lisboa, Capital de Portugal, es una hermosa y sencilla ciudad a la que querrás regresar millones de veces. No se caracteriza precisamente por ser una capital con gran afluencia turística europea, lo cual le ha permitido mantenerse aislada de las masificaciones y brindar una propuesta diferente.

Es una ciudad atrapante. En sus calles se respira olor añejo en las fachadas y nostalgia en su pasado marinero. El laberinto de callejuelas del Barrio de Alfama y del Barrio Baixa son un ejemplo, con edificios pintorescos, plazas, castillos y mercados.

Son visitas obligadas también el Barrio Chiado y Alto (zonas más señoriales y clásicas), el Monasterio de los Jeronimos y la Torre de Belem (ambas de estilo manuelino), el Museo del Fado y el Museo Calouste Gulbenkian (con una importante colección de obras de arte de todo el mundo).

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Algunas recomendaciones a tener en cuenta: si hablas español no tendrás inconvenientes ya que el “portuñol” está muy extendido, lleva calzado cómodo si quieres conocer los barrios antiguos y su casco histórico, pues tendrás que caminar por calles empedradas con muchas cuestas. El mejor medio de transporte por el centro de Lisboa es el tranvía. Hay un bono de viaje llamado Tarjeta 7 Colinas que se adquiere en kioscos de la empresa Carris, en metro o en correos, con el cual salen los trayectos a mitad de precio que si compras el billete en la misma taquilla.

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Los bares bohemios y el entorno colorido le conceden a esta ciudad bañada por el Tajo la condición de una obra pictórica, de color dorado, mezcla de oro y ocre y aroma a café.

Vía│missviajes