Si algo le faltaba a la complicada situación política que atraviesa China, de cara a los inminentes Juegos Olímpicos de Beijing que se desarrollarán en el mes de Agosto próximo, era que la naturaleza conspirara y le asestara al país un durísimo golpe. Esto es lo que sucedió con el devastador terremoto que conmocionó a la opinión internacional en el pasado mes de Mayo.

Un movimiento sísmico de 8 grados en la escala de Richter, sacudieron los cimientos de la provincia de Sichuan, en el sudoeste chino, con innumerable cantidad de víctimas.

En el aspecto macroeconómico, las autoridades chinas estiman pérdidas por alrededor de 7,6 mil millones de dólares en la industria turística nacional.

Viajes cancelados hacia las regiones más destruidas, repercutirán de la peor manera en la economía local, pero sucede que puntos turísticos de altísimo interés quedaron incomunicados por el seísmo, sin luz ni agua.

Los cálculos oficiales indican que alrededor de 300,000 personas han perdido sus empleos por causa de estas contingencias que afectan a todos los sectores, pero que castigan principalmente al turismo que elige las regiones más emblemáticas de China para sus visitas.

La solidaridad mundial no se hizo esperar en tan triste ocasión, pero sólo servirá para mitigar las necesidades más inmediatas, mientras que recuperar la floreciente industria turística en esas áreas del país podría demandar años.