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Los americanos ya no quieren comida rápida o eso parecen decir las cifras. De hecho, McDonald’s, cuyas acciones no consiguen remontar este año (Más info en anyoption.com), se enfrenta a una situación complicada por primera vez en algún tiempo: hay muchos restaurantes pero no suficientes clientes. Los datos hablan por sí solos: 2015 fue el primer año, desde 1970, en el que McDonald’s cerró más restaurantes de los que abrió.

comida rápida

Los gustos han cambiado y las nuevas generaciones buscan ahora conceptos diferentes, que deben adaptarse a una sociedad que tiene acceso a cada vez más información. Los millennials (jóvenes de entre 18 y 34 años) o, lo que lo mismo, los principales consumidores de comida rápida, se pasan a otro tipo de restaurantes, que ofrecen opciones personalizadas, comida más sana y de calidad más alta.

Por eso no es de extrañar que solo uno de cada cinco millennials haya probado la emblemática Big Mac, que está perdiendo relevancia, según la publicación americana Wall Street Journal, que tuvo acceso a un informe redactado por uno de los franquiciados más importantes de Estados Unidos. El concepto de “comida sana” que tienen hoy en día los jóvenes dista mucho del que tenían sus padres.

Las generaciones pasadas le daban más importancia a contar calorías, mientras que a los millennials les preocupa que los productos sean frescos, menos procesados y que tengan menos ingredientes artificiales. Además, optan por el concepto casual-dining o, lo que es lo mismo, comida informal y de calidad pero servida a la velocidad de un “fast food”, según una encuesta de los analistas Morgan Stanley.

Pero… ¿Cuáles son las claves del éxito de estas cadenas? Sobre todo dos: La inversión de una gran parte de su presupuesto en ingredientes de calidad, en vez de en publicidad y una importante presencia digital; algo en lo que McDonald’s ha fallado y que puede ayudarle a atraer más millennials si consigue poner a la tecnología de su parte.

En medio del gran nivel de competencia, otros apuntan a causas distintas, que tienen que ver con la bajada de precios de los alimentos, y es que comer en casa resulta cada vez más barato a los consumidores estadounidenses, lo que obliga a los restaurantes de comida rápida a ofrecer un valor añadido.

Ante este escenario, el gigante de las hamburguesas se ha puesto en marcha para plantar cara a sus competidores y está probando sabores nuevos, centrándose en utilizar carne de ternera fresca en vez de congelada y buscando formas alternativas de cocción, en una estrategia de cambio que comenzó en 2015.

McDonald’s lo está intentando todo, incluyendo la introducción de productos nuevos en el menú, como hamburguesas premium; la prueba de unos mejorados McNuggets, que no incluyen conservantes artificiales; el anunciado del lanzamiento en 2017 de dos nuevas versiones de su emblemática Big Mac, la Mac Jr. y la Grand Mac; además de una especie de buffet libre de patatas fritas en sus restaurantes de Missouri (EEUU).

Pero, sin duda, la iniciativa que más aceptación ha tenido entre los consumidores es la de “All Day Breakfast”, que se traduce como desayuno durante todo el día y aunque muchas de estas propuestas estén triunfando, no todo son éxitos en el camino a la reconquista del terreno perdido.

Dos de sus fracasos más recientes incluyen, una hamburguesa de carne de Angus 100% que intentaron introducir en 2009 y otra hecha con carne de solomillo en 2015. Los clientes no estaban dispuestos a pagar de 4 a 5 $ por su comida, lo que demuestra que las subidas de precios no encajan bien con los fast food.

Mientras, se oyen voces de analistas que alertan sobre un problema mucho mayor: la desaceleración de la industria de los restaurantes en Estados Unidos, que podría ser el presagio de una nueva recesión. El economista Paul Westra dijo al prestigioso portal financiero Bloomberg que antes de las tres últimas crisis del país, el sector restaurante había sido el primero en mostrar signos de debilidad.

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