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Nuestra visita, que en invierno seguro que estará acompañada por la misteriosa niebla, puede empezar por el conjunto monumental más conocido de la ciudad: la Seu Vella, también conocida como “el Castillo de Lleida“. La catedral, que fue consagrada en 1278, está situada sobre una colina desde donde se puede disfrutar de las vistas de la ciudad y de la llanura de la comarca del Segriá. El templo, dedicado a Santa María, presenta planta basilical de cruz latina de tres naves. El claustro, del siglo XIV, es de planta rectangular, y las naves son de cinco tramos con bóvedas ojivales y grandes ventanales con calados.

Junto a la catedral está el Castillo de La Suda, que tiene sus orígenes en un primitivo recinto fortificado que los árabes construyeron con materiales romanos, en un intento de reforzar el califato de Córdoba en el siglo IX. Hoy en día se conserva parte de la fortaleza, y en primavera se abrirá un centro de interpretación con un espacio museográfico y una fantástica terraza mirador.

Después, podemos bajar hasta la iglesia de San Juan, ubicada en una de las plazas más características de la ciudad. De estilo neogótico, es de finales del siglo XIX. Siguiendo la colina de la Seu Vella para abajo, llegaremos al Palacio de la Paeria: el Ayuntamiento de Lleida y la obra más representativa de la arquitectura civil románica en la ciudad. La Morra (antigua cárcel del siglo XVI situada en el sótano), el archivo municipal y el patio interior son algunas de las joyas.

Fuente: euro residenetes

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