La primera vez que ves de frente la fachada de Abu Simbel te quedas parado, sin más que decir. Cuatro estatuas de veinte metros de altura miran fijas hacia el Nilo desde hace más de tres mil años, talladas en la roca de una montaña que, tal y como la conocieron los faraones, ya no existe. Porque este templo entero se movió, bloque a bloque, para que el agua no se lo tragara.
El complejo está a unos 300 kilómetros al sur de Asuán, casi pegado a la frontera con Sudán, en pleno desierto de Nubia. Cuando se construyó la presa de Asuán en 1959, el nivel del Nilo empezó a subir y amenazaba con dejar los templos bajo el agua para siempre. La solución fue tan radical como el propio monumento: cortarlo en más de mil bloques y reconstruirlo entero 200 metros más arriba y más atrás, sobre una colina artificial. Se tardó cuatro años y fue una de las operaciones de rescate arqueológico más ambiciosas del siglo XX.
Qué ver en el complejo de Abu Simbel
Son dos templos, no uno, y merece la pena parar en los dos. El grande, dedicado a Ra, Amón y Ptah (y al propio Ramsés II, que no se cortó un pelo a la hora de rendirse culto a sí mismo), tiene 33 metros de altura y esas cuatro estatuas colosales en la fachada que ya has visto en cualquier foto de Egipto. Dos veces al año, el 22 de febrero y el 22 de octubre, el sol entra en línea recta hasta el fondo del santuario e ilumina las estatuas interiores, menos la de Ptah, dios asociado a la oscuridad, que se queda siempre en sombra. No es casualidad: los arquitectos egipcios calcularon la orientación con una precisión que todavía impresiona.

El templo pequeño, a un lado del grande, está dedicado a la diosa Hathor y a Nefertari, la esposa favorita de Ramsés II. Tiene seis estatuas en la fachada, más pequeñas que las del templo mayor, pero con un detalle que llama la atención: aquí la reina aparece a la misma altura que el faraón, algo poco habitual en el arte egipcio, donde normalmente las mujeres se representaban más pequeñas. Todo el conjunto forma parte de los Monumentos de Nubia, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.
Consejos prácticos para llegar y visitar Abu Simbel
La mayoría de viajeros llega desde Asuán, ya sea en un vuelo corto de apenas 40 minutos o en los convoyes de autobuses que salen de madrugada para hacer el trayecto por carretera. Si prefieres moverte por tu cuenta desde El Cairo, conviene planificar bien las conexiones; en nuestra guía del aeropuerto de El Cairo tienes todo lo que hay que saber sobre terminales y enlaces antes de bajar hacia el sur.
La mejor época para ir es entre octubre y abril, cuando el calor del desierto de Nubia da una tregua. En pleno verano las temperaturas rondan sin problema los 40 grados a mediodía, así que si vas en esos meses, mejor madrugar. De hecho, llegar con las primeras luces del día no es solo un tema de temperatura: la fachada recibe el sol de frente por la mañana y la piedra se enciende en un tono dorado que por la tarde ya no tiene la misma fuerza.
Si el viaje incluye Asuán, no te vayas sin cruzar en barco hasta la isla de File, donde está el templo de Isis en Philae, otro monumento que también tuvo que ser rescatado y trasladado por la subida de las aguas del Nilo. Y si tu ruta empieza o termina en la capital, los museos de El Cairo completan el recorrido por el Egipto faraónico con piezas que no vas a ver en ningún otro sitio.
Preguntas frecuentes sobre Abu Simbel
¿Cuál es la mejor época para visitar Abu Simbel?
Entre octubre y abril, cuando las temperaturas del desierto de Nubia son más soportables. En verano el calor a mediodía puede superar los 40 grados.
¿Cuánto se tarda en llegar desde Asuán?
En avión, unos 40 minutos. Por carretera, el trayecto es más largo y suele hacerse en convoyes organizados que salen de madrugada para evitar el calor.
¿Por qué se trasladaron los templos de su ubicación original?
Por la construcción de la presa de Asuán en 1959. La subida del nivel del Nilo iba a inundar el complejo, así que se cortó en bloques y se reconstruyó 200 metros más arriba, en una operación que llevó cuatro años.
¿A quién están dedicados los dos templos?
El templo mayor, a Ra, Amón, Ptah y al propio Ramsés II. El templo menor, a la diosa Hathor y a la reina Nefertari, esposa de Ramsés II.
¿Es Abu Simbel Patrimonio de la Humanidad?
Sí, forma parte de los Monumentos de Nubia, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.
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