Lo primero que haces al sentarte es buscar la boquilla de oxígeno junto al reposacabezas, aunque el tren aún esté rodando por llanuras a poco más de mil metros. Es una costumbre que coges rápido en cuanto sabes hacia dónde vas: el ferrocarril Qinghai-Tíbet sube hasta zonas donde el aire pesa la mitad que al nivel del mar, y el propio tren está diseñado para que eso no te pare el viaje.

Picos nevados de la meseta tibetana vistos bajo un cielo azul intenso
Foto: Martin Chan en Pexels

Un tren diseñado para pelear contra la altitud

El tramo entre Golmud y Lhasa se abrió al servicio el 1 de julio de 2006, tras años de obras pensadas casi en su totalidad para resolver un problema de ingeniería poco habitual: gran parte de la vía cruza permafrost, terreno que se congela y descongela según la estación, y que obligó a diseñar cimentaciones especiales para que los raíles no se movieran con el suelo. Las locomotoras llevan turbocompresores para no perder potencia con el aire enrarecido, y por eso en los tramos de permafrost el tren reduce la velocidad de sus 120 km/h habituales a unos 100 km/h.

Cada asiento y cada litera tienen su propia salida de oxígeno, y el tren lleva médico a bordo durante todo el trayecto entre Golmud y Lhasa. Antes de subir a ese tramo te piden rellenar una tarjeta de salud, un trámite sencillo pero que no conviene saltarse aunque tengas prisa por subir al vagón.

El paso de Tanggula, el punto más alto del recorrido

El momento cúspide del viaje, literalmente, llega en el paso de Tanggula, a 5.072 metros sobre el nivel del mar, el punto ferroviario más alto del planeta. Ahí fuera ya no hay árboles ni apenas construcciones, solo la meseta desnuda con ye guas salvajes o rebaños de yaks pastando a lo lejos, y el tren avanzando despacio por un paisaje que parece no tener escala humana. Es difícil no pegarte a la ventanilla en ese tramo, aunque el resto del vagón esté durmiendo.

Arroyo atravesando una llanura amplia con montanas nevadas en el Tibet
Foto: 奇 徐 en Pexels

Cómo organizarlo

Hay trenes directos a Lhasa desde Pekín, Chengdu, Chongqing, Xining y Lanzhou, y es un trayecto largo que se hace de un tirón, con noche a bordo incluida, así que conviene reservar litera y no billete de asiento si quieres llegar descansado. Para entrar en la región autónoma del Tíbet necesitas el mismo permiso especial que exige cualquier otra vía de acceso, lo explicamos con detalle en nuestra guía práctica para viajar al Tíbet, y conviene tenerlo tramitado antes de reservar el billete de tren. Ten en cuenta también que el acceso a la región se suspende puntualmente en fechas concretas del año, algo que contamos en nuestro artículo sobre por qué el Tíbet cierra a los turistas cada marzo.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo funciona el tren hasta Lhasa?

El tramo Golmud-Lhasa entró en servicio el 1 de julio de 2006. El tramo anterior, Xining-Golmud, llevaba funcionando desde 1984.

¿Cuál es el punto más alto de la vía?

El paso de Tanggula, a 5.072 metros sobre el nivel del mar, el punto ferroviario más alto del mundo.

¿Hay oxígeno disponible durante el viaje?

Sí, cada asiento y litera tiene su propia salida de oxígeno, y el tren lleva médico a bordo en el tramo entre Golmud y Lhasa.

¿Necesito algún permiso especial para coger este tren?

Sí, el mismo Tibet Travel Permit que exige cualquier otra vía de entrada a la región autónoma del Tíbet, además de rellenar una tarjeta de salud antes de subir al tramo de mayor altitud.

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