La primera vez que subí la escalera de Jordan del Hermitage se me olvidó por completo adónde iba. Techos dorados, mármol blanco que resbala un poco si llevas las botas mojadas de nieve y ese eco particular de los pasos sobre piedra que solo tienen los edificios con más de dos siglos a la espalda. San Petersburgo guarda ahí dentro, repartido en cinco palacios unidos entre sí, uno de los museos más grandes del planeta, y ni en dos días completos lo ves entero.
El Hermitage no es un museo, son cinco: el Palacio de Invierno, el Teatro del Hermitage, el Ermitage Pequeño, el Gran Ermitage y el Nuevo Ermitage, todos conectados por pasillos y galerías que te hacen perder la noción de en qué edificio estás. Entre los cinco suman cerca de 400 salas y guardan unos 3 millones de piezas de arte europeo y oriental, así que antes de entrar conviene aceptar una cosa: no vas a verlo todo, y no pasa nada.
Qué ver en el Museo del Hermitage
Si tienes que elegir, empieza por la Sala de Malaquita, forrada de ese verde intenso que da nombre a la piedra, y sigue hacia el Salón del Trono, donde el dorado cubre hasta el último rincón. En la sala del Reloj del Pavo Real siempre hay un grupo parado esperando a que el pájaro mecánico mueva las alas, aunque solo lo hace en ocasiones señaladas. La colección de pintura es de las que dejan sin palabras: hay lienzos de Rembrandt como El retorno del hijo pródigo, y salas enteras dedicadas a Picasso, Matisse, Van Gogh, Degas y Monet.

Si te agobian las multitudes, madruga: a las diez de la mañana ya hay cola en la entrada de la Plaza del Palacio, y a mediodía las salas más famosas van a rebosar de grupos guiados. Yo aprendí por las malas que merece más la pena empezar por las plantas de arriba, donde va menos gente, y bajar hacia las salas de pintura europea a media mañana.
Consejos prácticos para la visita
El museo abre de martes a domingo de 10:30 a 18:00, con horario ampliado hasta las 21:00 los miércoles y viernes, y cierra los lunes. La entrada general para visitantes extranjeros ronda los 1.000 rublos (unos 10 €), y el primer jueves de cada mes la entrada es gratuita, aunque ese día las colas se disparan. Comprarla con antelación en la web oficial del museo te ahorra la cola larga de la entrada principal, que en temporada alta puede llevarte más de una hora.
Calcula medio día si vas con prisa y un día completo si te gusta el arte de verdad, porque entre sala y sala hay más de dos kilómetros de recorrido. El Hermitage está en pleno centro histórico, junto al río Neva y a pie desde la Plaza del Palacio, así que no hace falta transporte para llegar si te alojas cerca del centro.

El centro histórico de San Petersburgo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, tiene mucho más que ver más allá del museo, y si te queda tiempo merece la pena alejarse un poco de las rutas más trilladas, algo parecido a lo que pasa en otros rincones escondidos de Rusia que casi nadie visita. Y si esta colección te ha dejado con ganas de más arte, el Museo Egipcio de Barcelona es otra visita que compensa, aunque no tenga nada que ver en tamaño. Para quien esté planeando algo más largo, este destino encaja bien en cualquier ruta de varios países por Europa del Este.
Preguntas frecuentes sobre el Museo del Hermitage
¿Cuánto cuesta la entrada al Museo del Hermitage?
La entrada general para visitantes extranjeros cuesta alrededor de 1.000 rublos, aproximadamente 10 €. Los precios pueden variar, así que conviene confirmarlos en la web oficial antes de viajar.
¿Cuánto tiempo hace falta para visitarlo?
Con medio día ves lo esencial, pero si te gusta el arte reserva un día completo. Entre los cinco edificios hay más de dos kilómetros de salas.
¿Se puede visitar gratis?
Sí, el primer jueves de cada mes la entrada es gratuita para todos los visitantes, aunque ese día hay más cola de lo habitual.
¿Cuál es el mejor día para evitar aglomeraciones?
Entre semana y a primera hora, nada más abrir a las 10:30. Los fines de semana y el primer jueves de mes son los días con más gente.
¿Está lejos del centro de San Petersburgo?
No, está en pleno centro histórico, junto al río Neva y a pocos minutos a pie de la Plaza del Palacio, así que se llega caminando desde la mayoría de los alojamientos céntricos.
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