El avión que te lleva a Punta Arenas es el primero de varios umbrales. Después viene el barco, el frío que corta el aliento antes de abrir la escotilla y luego la imagen que no has visto en ningún documental: el silencio blanco de la isla Livingston, en el archipiélago de las Shetland del Sur, a unos 130 kilómetros de la Península Antártica. Aquí el horizonte está despejado de cualquier rastro humano salvo el de los pocos científicos que habitan la Base Juan Carlos I, la estación española que lleva funcionando desde 1988.
Dos de esos científicos, Simón Graells y Santi Marçal, decidieron algo poco habitual en 2007: abrir un blog para contar desde dentro qué ocurre cuando viajas al continente más remoto del planeta. El blog Livingston fue una de las primeras iniciativas de su tipo en expediciones antárticas españolas, y durante meses miles de personas siguieron sus entradas desde casa. Pero ¿qué ocurre cuando eres tú quien quiere ir de verdad?
Qué ver en la isla Livingston y la Antártida
Livingston no es el destino más visitado de la Antártida, lo que en la práctica significa que cuando llegas a sus costas lo más probable es que no haya otra embarcación en el horizonte. La isla tiene poco más de 700 km² y su interior es en su mayoría glaciar, con algunas zonas costeras donde el terreno queda al descubierto en verano austral. Esos tramos de roca y musgo son donde se concentra la vida: colonias de pingüinos de barbijo y macaroni, elefantes marinos que ni se molestan en moverse cuando te acercas y, si tienes suerte, alguna foca leopardo tomando el sol sobre un bloque de hielo.
La Bahía Sur es la zona de desembarco habitual. Desde allí puedes caminar hasta las colonias de pingüinos en menos de 20 minutos, siempre con guía y sin acercarte a menos de cinco metros de los animales. La regla existe por protocolo del Tratado Antártico, pero los pingüinos no la conocen: te rodean, te miran de cerca, te huelen los zapatos. Es difícil no reírse.

La expedición española que blogó desde la Antártida
La expedición que documentó Graells en el blog Livingston no era turística: era parte de los trabajos del Grup de Recerca en Electromagnetisme i Comunicacions (GRECO) de La Salle, junto al físico Santi Marçal del Observatorio del Ebro. Su objetivo era medir la actividad electromagnética en la capa de hielo, aunque lo que más recuerdan quienes siguieron el blog es otra cosa: la descripción de lo que se siente al estar despierto a las dos de la mañana con sol en el exterior, porque en enero aquí no anochece del todo.
Esa expedición fue la quinta para ese equipo desde 1995. Lo que cambió en 2007 fue la decisión de abrir el blog y contar el día a día en tiempo real: el frío que hace que te duelan los dientes al hablar, el silencio que se corta con el crujido de un iceberg que se parte a lo lejos, o la sensación de que el mundo entero está a años-luz mientras te tomas un café con los compañeros de base. Fue uno de los primeros registros digitales de una expedición antártica española y dejó constancia de algo que los diarios científicos no suelen incluir: la dimensión humana del lugar más aislado de la Tierra.
Cómo llegar a la Antártida y cuánto cuesta
La mayoría de cruceros turísticos salen desde Ushuaia (Argentina) o Punta Arenas (Chile) entre noviembre y marzo, que es el verano austral. El trayecto por el Paso Drake dura entre 36 y 48 horas dependiendo del estado del mar, y si el clima no acompaña —algo habitual— conviene tener a mano el maretol. Los barcos de menos de 200 pasajeros son los que pueden acercarse a tierra y hacer desembarcos en zodiac; los grandes cruceros solo ven el continente desde cubierta, que no es lo mismo.
El precio de un crucero estándar de 10-12 días ronda los 5.000-9.000 € por persona desde España, incluyendo los vuelos hasta el extremo sur de América (entre 800 y 1.400 € más). Los paquetes más económicos suelen aparecer en octubre y marzo, al inicio y final de la temporada. Si te importa el impacto ambiental del viaje, busca operadores miembros de IAATO (Asociación Internacional de Operadores de Turismo en la Antártida), que regula las visitas para reducir el daño ecológico. Puedes profundizar en cómo viajar mejor en nuestra guía sobre ecoturismo responsable en 2026.
No hay hoteles en la Antártida. Duermes en el barco. Tampoco hay cajeros ni señal de móvil. El wifi del barco suele ser escaso y caro. Eso sí: cuando desembarcas y miras el continente desde la orilla, ninguna de esas cosas te importa lo más mínimo.
La mejor época para visitar la Antártida
Noviembre y diciembre son los meses favoritos de los fotógrafos: el hielo está intacto, las temperaturas rondan los -2 °C a 5 °C en la costa y los pingüinos están en plena temporada de cría. En enero y febrero el ambiente es más animado en las colonias, aunque el hielo marino empieza a retirarse y los paisajes cambian. Marzo es cuando los últimos barcos hacen sus travesías antes de que el invierno austral cierre el paso.
Si quieres algo más extremo, hay expediciones de ski, ascensiones a picos del interior o cruzar el Paso Drake en velero, pero son opciones para viajeros con experiencia en frío extremo. Para el resto, un crucero de 10 días con desembarcos diarios en zodiac es más que suficiente para entender por qué quienes van una vez suelen querer volver. Si buscas dónde meter la Antártida en una ruta más amplia, echa un ojo a esta selección de 10 destinos imprescindibles en una vuelta al mundo.
Preguntas frecuentes sobre viajar a la Antártida
¿Necesito visado para ir a la Antártida?
No. La Antártida no pertenece a ningún país, así que no hay visado que tramitar. Lo que sí necesitas es un pasaporte en vigor y un seguro de viaje que cubra evacuación médica en zonas remotas, que los operadores exigen antes de embarcar.
¿Cuánto cuesta un viaje a la Antártida?
Un crucero de 10-12 días cuesta entre 5.000 y 9.000 € por persona. Los vuelos desde España hasta Ushuaia o Punta Arenas añaden otros 800-1.400 €. Las expediciones especializadas (ski, ascensiones) pueden superar los 15.000 €.
¿Cuántos días necesito para la Antártida?
La travesía mínima es de 10-12 días: dos de ida por el Paso Drake, entre cinco y siete en el continente con desembarcos diarios, y dos más de vuelta. Los cruceros más largos llegan a 20-25 días e incluyen las Islas Georgias del Sur u otros puntos del océano Austral.
¿Es seguro viajar a la Antártida?
Con operadores certificados por IAATO, sí. Los protocolos de seguridad son estrictos y los desembarcos se cancelan si las condiciones no son buenas. El mayor riesgo práctico es el mareo en el Paso Drake, donde el mar puede ponerse serio. Por eso el seguro con cobertura en zonas remotas no es opcional.
¿Qué ropa hay que llevar a la Antártida?
Capas: ropa interior térmica, forro polar, chaqueta impermeable y pantalón resistente al agua. Los operadores suelen prestar botas de agua para los desembarcos en zodiac. Las temperaturas en verano austral rondan los -5 °C a 8 °C en la costa, pero el viento puede hacer que se sientan bastante más bajas.
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